Por un lado, la demanda global se mantiene firme, impulsada por la ventaja competitiva del producto frente a otros aceites vegetales.
Por otro, la oferta enfrenta restricciones estructurales sin precedentes en los dos principales países productores, Indonesia y Malasia, que amenazan con mantener los precios en niveles históricamente elevados.
A este escenario se suma la entrada en vigor de la nueva norma europea contra la deforestación, que a partir del 30 de diciembre pasado impone rigurosos requisitos de trazabilidad para el ingreso del producto al mercado comunitario.
Las cifras de producción para 2026 reflejan un sector que perdió su histórica capacidad de expansión.
Según datos del instituto alemán Oil World, la producción mundial de aceite de palma caerá este año a 84,5 millones de toneladas, por debajo de los 85,24 millones de 2025. La contracción afecta especialmente a los dos gigantes del sector.
Indonesia, el mayor productor mundial, reducirá su producción de 49,6 millones de toneladas en cuanto a las cifras de cierre de 2025 a 48,8 millones en 2026.
Sin embargo, la Asociación de Aceite de Palma de Indonesia (GAPKI) proyecta una cifra más optimista de 51,2 millones de toneladas, con un leve crecimiento del 0,39 por ciento respecto al récord de 51 millones alcanzado en 2025.
Mientras Malasia, segundo productor, caerá de 20,28 millones de toneladas en 2025 a 19,75 millones este año, según estimaciones del sector. Fastmarkets proyecta un descenso aún mayor, hasta 19,6 millones de toneladas.
nmr/rfc













