En una ceremonia solemne en el Paraninfo, presidida por el rector Óscar García Suárez, el extenista mallorquín añadió un nuevo capítulo simbólico a una carrera irrepetible que trasciende el deporte.
Ataviado con toga, muceta verde, guantes blancos, anillo y birrete, Nadal asumió el rito académico con la misma serenidad competitiva que lo convirtió en leyenda de las pistas.
El homenaje reconoce una trayectoria coronada por 22 títulos de Grand Slam, dos oros olímpicos y cinco Copas Davis, cifras que dibujan una epopeya sostenida por la disciplina y la resiliencia.
En su discurso, Nadal subrayó el vínculo entre ciencia y alto rendimiento, y reivindicó valores como el trabajo, la humildad y la constancia como pilares compartidos entre la universidad y el deporte.
“Recibo esta distinción no solo como un reconocimiento personal, sino como un homenaje al deporte y a los valores que representa”, afirmó con voz contenida y gesto agradecido.
La laudatio, pronunciada por el profesor Javier Durán, trazó un paralelismo entre el rigor académico y la ética competitiva del homenajeado, al que definió como espejo moral de la institución.
El rector destacó que la figura de Nadal trasciende rankings y victorias, al encarnar una doble excelencia, técnica y humana, que conecta con la esencia formativa de la universidad.
La investidura se suma a otros reconocimientos académicos recientes del español, consolidando su figura como símbolo universal de esfuerzo, superación y compromiso más allá del deporte.
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