Este parecer lo sustentan los operadores del comercio de alimentos, debido a la relevancia de dicho producto.
La industria bananera global, que mueve cerca de 150 mil millones de dólares anuales, enfrenta en 2026 una paradoja: mientras los consumidores saludables elevan la demanda de frutas Premium, las tensiones geopolíticas y las enfermedades amenazan las cadenas de suministro.
La historia del banano como producto global comenzó mucho antes de convertirse en el fruto más consumido del mundo.
Originario de Nueva Guinea, su cultivo se remonta a hace cuatro mil años, pues tras un largo viaje que lo llevó desde el sudeste asiático hasta África, los colonizadores portugueses introdujeron el banano en Canarias en el siglo XV, y de allí los españoles lo llevaron a La Española en 1516.
Sin embargo, no fue hasta 1874 que el capital estadounidense comenzó a establecer plantaciones a gran escala en Costa Rica, y en 1899 nació la United Fruit Company, la corporación que transformaría el banano en un símbolo del imperialismo estadounidense en América Central.
Durante el siglo XX, la United Fruit (conocida como Mamita Yunai en Centroamérica) consolidó un monopolio que controlaba tierras, ferrocarriles y puertos en Guatemala, Honduras y Costa Rica.
Su poder fue tal que llegó a poseer más de 1,4 millones de hectáreas en la región y su influencia política derivó en episodios trágicos como la Masacre de las Bananeras en Colombia (1928) y el golpe de estado en Guatemala (1954), cuando el presidente Jacobo Arbenz intentó expropiar tierras ociosas de la compañía.
Para la actualidad, ese legado histórico persiste en la estructura del mercado. Las principales multinacionales (Dole, Chiquita-heredera de la United Fruit-, Del Monte y Fyffes) siguen dominando el comercio global, aunque enfrentan un escenario muy distinto.
Según el informe Bananas Global Market Report 2026, el mercado alcanzó los 147 mil 820 millones de dólares este año (reporte de cierre de 2025), y se proyecta que crecerá hasta los 165 mil 550 millones en 2030.
Impulsado por la creciente conciencia sobre la salud, los consumidores fitness buscan el potasio, la fibra y el azúcar natural del banano, y los productos orgánicos con certificación de comercio justo llegan a alcanzar primas de precio del 20 al 30 por ciento en Norteamérica y Europa.
Asia-Pacífico lidera el mercado con 48,2 por ciento de la cuota global, gracias a su capacidad productiva y al auge del comercio intrarregional. India, el mayor productor mundial, aprecia cómo sus exportaciones de banano (principal fruta de su exportación) se convierte en víctimas colaterales del conflicto en el Medio Oriente.
El cierre del estrecho de Ormuz dejó varados aproximadamente mil contenedores de fruta en el puerto de Mumbai, y los precios de exportación se desplomaron de 0,12 dólares por libra a apenas 0,045 dólares.
Si la situación no se resuelve en dos o tres semanas, los exportadores se verán obligados a vender en el mercado doméstico, advirtió el importante productor de India Abhijeet Patil.
El comercio del banano en 2026 refleja así las contradicciones del siglo XXI: un producto de primera necesidad que encarna la globalización, pero que depende de rutas marítimas vulnerables, y se enfrenta a crisis sanitarias y carga sobre sus espaldas una historia centenaria de explotación colonial.
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