El descubrimiento ocurrió en la capa presalina frente a la costa del estado de Río de Janeiro, una de las zonas más relevantes destinadas a la producción de hidrocarburos en el gigante sudamericano.
Según añadió Agencia Brasil, el crudo fue identificado y considerado excelente tras confirmarse su presencia mediante registros eléctricos, indicios de gas y muestreo de fluidos en el pozo 3-BRSA-1397-RJS.
Dicha perforación se encuentra a 113 kilómetros del litoral, en el municipio de Campos de los Goytacazes, y tiene una profundidad de mil 178 metros, lo cual evidencia, expuso la fuente, la complejidad técnica de las operaciones.
Petrobras apuntó que las muestras recolectadas serán sometidas a análisis de laboratorio con el fin de caracterizar las condiciones del yacimiento y evaluar su potencial productivo en futuras etapas.
Este hallazgo se inscribe en la estrategia de exploración orientada a reponer reservas en áreas maduras, para garantizar la sostenibilidad de la producción y atender la demanda energética nacional en un contexto de transición hacia fuentes más diversificadas.
Todavía, plantean expertos, el petróleo continúa siendo un recurso clave para el desarrollo de países como Brasil, por su impacto en la generación de ingresos y divisas, y el papel en la industrialización, la infraestructura y la seguridad energética.
La Cuenca de Campos, donde se ubica el campo de Marlim Sul, constituye la segunda mayor productora de petróleo presalino del país, con aproximadamente el siete por ciento del total, solo por detrás de la Cuenca de Santos.
Descubierto en 1987, Marlim Sul forma parte de áreas productivas que incluyen también a Marlim y Marlim Leste, las cuales son operadas por Petrobras, en aras de reforzar las responsabilidades de la empresa estatal en la gestión de recursos estratégicos.
A juicio de analistas, la exploración en el presal brasileño (vasta reserva de petróleo y de gas natural de elevada calidad) ha sido considerada uno de los pilares del crecimiento económico de la nación en las últimas décadas.
También resaltan que estos descubrimientos contribuyen a fortalecer la autonomía energética y a sostener políticas de desarrollo, especialmente en economías emergentes que buscan reducir vulnerabilidades externas.
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