El reporte de la fuente oficial fue bien recibido por el Gobierno, pero también ratifica el colosal desafío galo frente a un indicador que está entre los peores de la Unión Europea, bien alejado del tres por ciento fijado por las instituciones del bloque de 27 Estados miembros.
Se trata de una buena noticia, recordemos que en 2024 el déficit público se situaba en un 5,8 por ciento, reaccionó en la cadena TF1 el ministro para las Cuentas Públicas, David Amiel.
Por su parte, el primer ministro Sébastien Lecornu consideró que cuando se sostiene una línea “simple, seria, estable y controlada”, las cuentas mejoran sin brutalidad.
“El método paga, y la estabilidad política también”, escribió Lecornu en X, mensaje que podría interpretarse como un llamado a la oposición en un contexto de marcada polarización política y de recurrentes intentos por derribarlo, como le ocurrió a sus predecesores Michel Barnier y François Bayrou.
Francia busca rebajar su déficit a un cinco por ciento del PIB en el año en curso, sin embargo, las aún impredecibles consecuencias de la guerra que Estados Unidos e Israel comenzaron hace un mes contra Irán pone en peligro el cumplimiento de este objetivo.
Respecto a la deuda pública, esta cerró en el 115,6 por ciento del PIB el año pasado, después del 112,6 registrado en 2024 y del 109,5 en 2023, según los datos del Insee.
El deterioro de las finanzas públicas inquieta por su impacto en ámbitos como las inversiones y la atractividad del país, un escenario que las calificadoras de riesgo han comenzado a mirar con lupa.
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