Fonseca unió desde joven el compromiso revolucionario con la creación estética; tras incorporarse a la lucha insurgente en las montañas orientales, laboró como instructor del Ejército Rebelde, combinando así una trayectoria de docencia y arte.
En 1962 ingresó como primer expediente en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de La Habana, institución en la que luego impartiría los tres niveles de enseñanza durante más de dos décadas, añadió el Mincult en redes sociales.
Ever Fonseca se convirtió en el primer pintor cubano invitado a realizar una exposición personal en el Museo Nacional de Bellas Artes, bajo el título Óleos de Ever Fonseca; para 1970, su trabajo ya formaba parte de la colección permanente de esa prestigiosa institución.
Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y de la Asociación Internacional de Artistas Plásticos, acumuló una vasta obra expositiva: decenas de muestras personales y más de 400 colectivas en al menos 25 países, contabilizó el ministerio.
Por su fructífera trayectoria fue merecedor de la Distinción por la Cultura Nacional y la Medalla Alejo Carpentier, otorgadas por el Consejo de Estado, así como la Medalla Raúl Gómez García del Sindicato de Trabajadores de la Cultura, entre otros reconocimientos.
El Consejo Nacional de Artes Plásticas y el Ministerio de Cultura destacaron que Fonseca permanecerá en la fuerza de su arte como patrimonio espiritual de la nación.
Su legado pictórico se resguarda en colecciones permanentes de museos de Cuba, Estados Unidos, Lituania, Polonia, Alemania, Colombia, Puerto Rico, Ecuador y en sedes de Naciones Unidas en Ginebra y Nueva York, entre otras instituciones.
Por voluntad familiar, el cadáver del artista será cremado, en ceremonia privada, y sus cenizas descansarán en el Panteón del Ministerio de Cultura de la Necrópolis de Colón.
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