Se desencadena además por infecciones de hepatitis B y C, diabetes y algunos medicamentos, explicó el especialista del capitalino Hospital General de Enfermedades del Instituto de Seguridad Social en declaraciones al diario local Prensa Libre.
“Nosotros estimamos que a partir de cinco a 10 años de tener el origen, el hígado se puede convertir en cirrótico”, detalló, por su parte, el hepatólogo Carlos Alonzo.
Si una persona consume fuertemente alcohol durante esa etapa, o vive con hígado graso esa cantidad de tiempo sin cambiar conductas, está en riesgo de desarrollar la enfermedad, amplió, entrevistado por el propio medio.
Explicó que ese lapso se estima cuando solo hay una condición de origen; sin embargo, si se suman otros factores como sobrepeso, obesidad y diabetes habrá un deterioro hepático más rápido.
Las proyecciones indican que, del total de la población chapina (casi 19 millones), entre 25 y 30 por ciento posee hígado graso y, de estos, del cinco al 10 desarrolla cirrosis, precisó.
Suele presentarse en mayores de 40 años, aunque puede aparecer antes, añadió el doctor. “Más de seis bebidas el fin de semana en el hombre y más de cinco en la mujer también se considera un factor de riesgo”, argumentó.
A pesar de ser una enfermedad del hígado, afecta asimismo al resto del cuerpo, ya que provoca acumulación de toxinas, problemas de coagulación, retención de líquidos y alteraciones mentales, describió.
También puede dañar otros órganos como el corazón y los riñones, provocar la aparición de várices esofágicas, acumulación de toxinas a nivel cerebral o incluso convertirse en cáncer de hígado en etapas avanzadas.
Hasta el momento, según los expertos, no existe un tratamiento farmacológico que revierta o cure la cirrosis. No obstante, tras el diagnóstico, el objetivo es controlar el origen que desencadenó la enfermedad para lograr mantener estabilidad.
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