Sobre el polvo de ladrillo del Centrul Național de Tenis, la raqueta de Navone dibujó un partido de resistencia y precisión, donde cada punto pareció cincelado con paciencia de orfebre y determinación de gladiador.
El argentino, número 60 del ranking mundial y séptimo cabeza de serie, sostuvo su dominio desde el servicio, con un sólido 75 por ciento de efectividad con el primer saque, y convirtió cuatro de cinco oportunidades de quiebre, cifras que explican su avance sin fisuras aparentes.
Sin embargo, el duelo escondió una tormenta en su segundo acto: el tie break fue un territorio de vértigo donde ambos contendientes caminaron al filo, hasta que “La Navoneta” impuso su temple para cerrar 10-8 un desempate cargado de tensión.
Navone, aún sin títulos ATP en su carrera y con dos finales perdidas en 2024 —una de ellas en este mismo escenario—, continúa así una búsqueda que combina deuda pendiente y promesa latente.
Del otro lado, el australiano O’Connell, número 128 del mundo, resistió con dignidad pero volvió a tropezar con la barrera de la consagración, en una trayectoria que también aguarda su primer gran trofeo.
En los octavos de final, el argentino enfrentará al danés Elmer Moller, en otro capítulo de este torneo que late con historia y regreso, tras su retorno a Bucarest.
Este martes el también argentino Sebastián Báez, finalista en la pasada edición, debutará frente al lituano Vilius Gaubas, en una jornada que tiñe de celeste y blanco la arcilla rumana.
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