El alto cargo publicó en la red social Max que «se habían destruido 38 vehículos aéreos no tripulados de ataque ucraniano sobre la provincia de Leningrado».
Según Drozdenko, la agresión provocó «daños en el puerto de Ust-Luga», así como en los cristales de tres edificios residenciales y varios inmuebles más del pueblo de Molodtsovo, en el municipio de Kírovsk, por la caída de fragmentos.
«Tres residentes, entre ellos dos niños, necesitaron ayuda médica. Sus vidas no corren peligro», agregó el gobernador.
Este fue el segundo ataque con drones a Ust-Luga en los últimos días. El anterior, que tuvo lugar en la noche del 28 al 29 de marzo, derivó en un incendio en este puerto, el segundo más grande de Rusia después de Novorossiysk (suroeste) y el más importante de la costa rusa del Báltico.
Según la administración portuaria, Ust-Luga se encuentra entre los cinco mayores puertos de Europa y sus terminales e instalaciones de producción procesan más de 20 tipos de carga.
El Ministerio de Defensa de Rusia, en tanto, comunicó que en la última jornada fueron derribados en varias regiones de la parte europea del país 92 drones de ala fija ucranianos.
Según el ente castrense las interceptaciones se realizaron en las regiones de Briansk; Bélgorod, Leningrado, Kursk, Nóvgorod, Rostov, Samara, Smolensk, Oriol, Kaluga, Tver y Moscú.
Por su parte, la agencia nacional del transporte aéreo, Rosaviatsia, informó del cierre provisional de los aeropuertos de Kaluga, Kaliningrado, San Petersburgo, Pskov y dos de los cuatro aeropuertos de Moscú (Sheremétievo y Domodédovo) durante la última jornada, por motivos de seguridad.
El 24 de febrero de 2022 Rusia lanzó una operación militar especial en Ucrania con el propósito, según el presidente, Vladimir Putin, de proteger a la población de Donbás de «un genocidio por parte del régimen de Kiev» y atajar los riesgos de seguridad nacional que representa el avance de la Organización del Tratado del Atlántico Norte hacia el este.
Los ataques con drones lanzados desde Ucrania contra objetivos militares y civiles en la retaguardia rusa se han convertido desde entonces en una práctica habitual.
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