Desde principios del siglo XX, una de las tradiciones más peculiares del país, ligada a la fe y penitencia, símbolo de identidad y resistencia cultural, expone por esta fecha un instenso debate cada año, con múltiples criterios a favor y en contra.
Alrededor del ring instalado en el campo de fútbol de la localidad se aprecia la presencia de miles de espectadores, muchos de ellos visitantes, quienes tendrán también enfrente a mujeres, en un giro de los últimos tiempos ante lo que nació como un espacio para hombres.
Los comunitarios, según entrevistas en redes sociales, defienden que el origen de la pelea es religioso, pues antiguamente se veía como una forma de penitencia para acompañar el sufrimiento de Cristo durante su pasión.
Subrayan que el evento tiene reglas claras: no se permiten patadas, ni golpes en el suelo, ni abrazos (clinch). Además, hay cuatro árbitros por pelea para garantizar la seguridad.
Comentan que, bajo casi siempre el sol inclemente hasta alrededor de las 17:00, hora local, es una forma de liberar tensiones, que la participación resulta voluntaria, y forma parte del folclore que define la identidad de esta zona maya quiché, donde la valentía se demuestra con los puños.
Un grupo se constituye del lado norte y el otro del sur, los cuales buscan con quién rivalizar, subrayó el primer alcalde de la comunidad, Pedro Gómez, citado por el diario Prensa Libre
Sin embargo, el rechazo crece entre quienes consideran que estas escenas traspasan la línea del respeto y la seguridad. Algunos críticos y sectores de la iglesia católica argumentan que la violencia física y la agresividad contradicen el espíritu de reflexión y paz de la Semana Santa.
Fomentar estos enfrentamientos entre mismos géneros o diferentes, bajo la excusa de la costumbre, es un retroceso que normaliza la agresión en una sociedad que ya lucha contra altos índices de violencia, señalan.
Médicos y expertos advierten que pelear a puño limpio (sin guantes ni protección en la cabeza) aumenta exponencialmente el riesgo de traumatismos craneoencefálicos, fracturas faciales y lesiones permanentes. A diferencia del boxeo profesional, advirtieron, los participantes a menudo no tienen entrenamiento previo.
En años recientes, políticos usaron el escenario, incluso popularizaron otros similares, para hacer campaña, lo cual generó cierto rechazo en Chivarreto porque consideran que enturbian una tradición comunitaria.
¿Aparece este como un baluarte de la cultura chapina o un espectáculo de violencia que debería ser regulado?, preguntaron analistas en las plataformas digitales.
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