Miranda, natural de Morón, fue intervenido quirúrgicamente tras presentar una complicación intestinal, pero no logró superar el cuadro clínico, según fuentes cercanas al entorno deportivo avileño.
Figura respetada dentro y fuera del terreno, Miranda integró la generación dorada del béisbol cubano que conquistó la gloria olímpica en Atenas, dejando una huella de entrega y disciplina que trascendió su etapa como atleta.
Ya en funciones de dirección, escribió una de las páginas recientes más emotivas de este deporte en el país al guiar a los Tigres hacia el título de la III Liga Élite del Béisbol Cubano, desafiando pronósticos y construyendo una épica desde la humildad.
Su liderazgo, sereno pero firme, convirtió a un equipo subestimado en campeón, devolviendo a la provincia una alegría largamente esperada y reafirmando su estatura como hombre de béisbol.
La noticia ha estremecido a la familia beisbolera de la isla, que pierde no solo a un campeón, sino a un símbolo de perseverancia y fe en el juego.
Con su partida, queda suspendida en el aire la imagen de aquel director que no necesitaba alzar la voz para hacerse escuchar, y cuyo legado seguirá latiendo en cada terreno donde un Tigre crea que lo imposible también puede ganarse.
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