Alcaraz venció al argentino Tomás Etcheverry por 6-1, 4-6 y 6-3, mientras que Sinner superó al checo Tomas Machac con parciales de 6-1, 6-7(3) y 6-3, reflejo del nivel extremo de concentración y resistencia que exige el torneo.
El español arrancó como una máquina, destrozando el servicio de Etcheverry y llevándose la primera manga en apenas 26 minutos, pero la segunda se convirtió en un laberinto: sus fantasmas del pasado resurgieron y un bajón físico le obligó a sudar cada punto.
La red le ofreció aliados inesperados en la tercera manga, y con templanza cerró el duelo, dejando entrever que, aunque parece infalible, Carlos no es invencible. Su próxima prueba: un rival de más calibre como el kazajo Alexander Bublik, pondrá a prueba su resistencia física y mental.
Sinner, por su parte, tuvo que lidiar con su primer tropiezo en el torneo. Después de dominar el inicio, cedió la segunda manga en un tie-break ante Machac, interrumpiendo su racha de 37 sets ganados consecutivamente en Masters 1000.
La humedad y el calor de Montecarlo no hicieron concesiones, y la espalda le recordaba que el “Sunshine Double” de Indian Wells y Miami había dejado huella.
No obstante, en la tercera manga el italiano recuperó su mejor tenis: precisión, potencia y estrategia, para imponerse y asegurar su lugar en cuartos, donde enfrentará al canadiense Felix Auger-Aliassime.
Con ambos en la antesala de semifinales, Montecarlo empieza a imaginar un duelo final que promete ser de antología. No solo se jugará el trofeo, sino también la supremacía en el ranking mundial, con Alcaraz defendiendo el número uno y Sinner acechando a la espera de su oportunidad.
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