Los expertos resaltaron que numerosas especies silvestres, como erizos, elefantes, pangolines, osos o zorros fénec, se venden como animales de compañía, trofeos de caza, para la medicina tradicional, la investigación biomédica o por su carne o su piel.
Estas prácticas, legales o ilegales, afectan a una cuarta parte de todas las especies de mamíferos.
El equipo cruzó 40 años de datos de importación y exportación de fauna silvestre, tanto legal como ilegal, con registros de relaciones huésped–patógeno.
Sus análisis, realizados en colaboración con investigadores estadounidenses de las universidades de Yale, Maryland y de Idaho, concluyeron que los mamíferos silvestres que se comercializan tienen 1,5 veces más probabilidades de compartir agentes infecciosos con los humanos que aquellos que no forman parte del comercio.
Es decir, estas especies tienen un 50 por ciento más de probabilidad de compartir al menos un virus, bacteria, hongo o parásito con los humanos, en tanto el riesgo es aún mayor cuando las especies se comercializan de forma ilegal o vivas, por ejemplo, como mascotas exóticas.
Según el equipo de investigación, el hallazgo más destacado es que la duración de la presencia de un animal en el comercio desempeña un rol clave: de media, una especie comparte un patógeno adicional con los humanos por cada periodo de 10 años que pasa en el mercado.
El trabajo se centró en mamíferos silvestres, es decir, aquellos que no han sido domesticados y sobre los cuales los humanos no han ejercido selección, a diferencia de gatos, perros, vacas o camellos; pueden ser individuos capturados en la naturaleza o criados en cautividad, por ejemplo para la producción de pieles.
Esta categoría incluye también a las nuevas mascotas exóticas, entre ellas, zorros fénec, nutrias, erizos pigmeos africanos, gatos leopardo o petauros del azúcar.
Los datos analizados abarcaron tanto el comercio de ejemplares vivos como el de productos de origen animal (pieles, cueros, escamas, cuernos y otros).
Los especialistas subrayaron que esta actividad también puede tener otras dos consecuencias: el riesgo de extinción de especies debido a la sobreexplotación de las poblaciones naturales, y el riesgo de intercambio de patógenos con los humanos.
De acuerdo con los especialistas, los resultados del estudio mostraron la necesidad de mejorar la biovigilancia de los animales y de los productos de origen animal para detectar agentes infecciosos y evaluar su potencial de transmisión a los humanos.
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