En la capital, uno de los candidatos izquierdistas, Roberto Sánchez, enfocó su discurso en la libertad del expresidente Pedro Castillo, con el evidente fin de obtener el voto de los seguidores del exmandatario condenado a 15 años de prisión por intentar la disolución del Parlamento de hegemonía derechista.
Hasta llegó a caballo a la tradicional Plaza Dos de Mayo de Lima, evocando el mismo gesto de Castillo de hace cinco años, cuando salió del anonimato electoral, encarnó el descontento popular y logró el apoyo de las fuerzas de izquierda y centro para ser elegido presidente.
Sánchez llevaba el mismo sombrero que le regaló Castillo, quien ayer pidió el voto por Sánchez desde la cárcel exclusiva para exgobernantes, durante la transmisión televisiva de una de las frecuentes audiencias judiciales sobre sus apelaciones.
En el otro extremo del espectro político, el declinante derechista Rafael López – Aliaga insistía en la narrativa de fraude en su contra, con un lenguaje insultante y hasta procaz cada día más intenso e irritado por su caída constante en los sondeos, tras figurar primero durante varios meses.
El presidente del Jurado Nacional de Elecciones, Roberto Burneo, sin mencionar a López – Aliaga, dijo que ese órgano judicial electoral defenderá cada voto de los ciudadanos y descartó la posibilidad de fraude, al indicar que habrá cerca de 50 mil fiscalizadores vigilando los comicios del domingo próximo.
La neoliberal Keiko Fujimori se mantiene en el primer lugar en un sondeo al que accedió la prensa extranjera y cuya difusión está prohibida en Perú, y decidió cerrar su campaña en un mitin en el distrito limeño de Villa El Salvador.
La hija del ex gobernante de mano dura Alberto Fujimori, ya fallecido, intenta ganar la presidencia tras perder tres balotajes en 2011 ante el nacionalista Ollanta Humala, en 2016 frente al neoliberal Pedro Pablo Kuzcynski y en 2021 ante el maestro rural Pedro Catillo.
Entretanto, no hay señales de acogida al tardío llamado de un grupo de ciudadanos a los candidatos presidenciales centristas para que concerten una especie de fusión y concentren sus votos en uno de ellos, a fin de enfrentar a las fuerzas derechistas con mayor eficacia.
La ex primera ministra del fugaz gobierno de Castillo, Mirtha Vásquez, candidata centro-izquierdista al Senado del partido Ahora Nación, sin referirse al llamado de unidad centrista, hizo una autocrítica a la dispersión de la izquierda.
“No hay madurez política para sumar, cada uno quiere ser la cabeza”, señaló sobre lo que consideró afán de liderazgo que dispersa a las fuerzas de izquierda, debilita la posibilidad de enfrentar a las fuerzas derechistas que se aprestan a mantener el control del poder que han ejercido desde el Parlamento.
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