La jugada tuvo algo de relámpago y mucho de memoria: en el primer cuarto ante los Phoenix Suns, el astro de los Los Angeles Lakers capturó un rebote en su propia trinchera y lanzó un pase largo, preciso, quirúrgico, que encontró a Deandre Ayton para sellar el histórico registro con 7:49 en el reloj.
Con esa asistencia número 12 000, James se sentó en la misma mesa donde reposan los nombres de John Stockton, dueño del récord absoluto con 15 806; Chris Paul (12 552); y Jason Kidd (12 091), arquitectos del juego que hicieron del pase un arte y del tiempo su aliado.
El partido, que concluyó con triunfo angelino 101-73, fue también una declaración de vigencia: James firmó 28 puntos y 12 asistencias, como si los años no pesaran sino que pulieran su talento, como si cada temporada fuera apenas un prólogo de sí mismo.
A sus 41 años, el “Rey” no escribe epílogos, sino horizontes: con 12 010 asistencias al cierre del duelo, acecha la marca de Kidd y vislumbra la estela de Paul, desafiando la lógica biológica con la persistencia de quien convirtió el juego en legado.
Dos décadas después de su debut, y con 22 selecciones al Juego de Estrellas, James sigue orbitando la grandeza, recordándole al baloncesto que hay figuras que no envejecen: simplemente se transforman en historia.
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