En un comunicado, la funcionaria alertó que la propagación de enfermedades en ese enclave costero, donde viven más de dos millones de palestinos, representa un peligro para la región.
Las continuas restricciones israelíes a la entrada de ayuda médica obstaculizan la respuesta sanitaria, denunció.
Balkhy afirmó que el deterioro de la situación en Gaza no solo es causado por los ataques, sino también debido a la obstrucción del acceso a los servicios de salud, lo que pone en riesgo la vida de los residentes.
“Vemos claramente que el acceso a la atención médica está gravemente amenazado”, criticó.
Señaló que el sistema de salud en Gaza funciona a su máxima capacidad, con recursos cada vez más escasos, acceso limitado y necesidades que aumentan cada día.
“Los camiones, los medicamentos y los suministros médicos están esperando (por la autorización para ingresar a la Franja), mientras que los pacientes no reciben atención o una muy limitada”, insistió.
También condenó la política israelí de impedir el ingreso de combustible, necesario para el funcionamiento de los generadores eléctricos de los hospitales y de los sistemas de agua y saneamiento.
Sin combustible los hospitales dejarán de funcionar, y eso supone un peligro para todo el sistema sanitario, subrayó.
Balkhy reclamó el cumplimiento del alto el fuego en ese enclave costero, en teoría vigente desde el 10 de octubre del pasado año, entre otros motivos para acelerar las evacuaciones médicas.
Las autorizaciones a pacientes para viajar al exterior con el fin de recibir atención carecen de regularidad, lo cual priva a muchos enfermos y heridos del tratamiento que podría salvarles la vida, indicó.
La funcionaria consideró que la reconstrucción de Gaza podría durar décadas, una situación que crearía un entorno propicio para el aumento de enfermedades y el empeoramiento de las necesidades sanitarias.
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