Desde la madrugada cientos de personas se han desplazado hacia la Centralidad de Kilamba, en la provincia de Luanda, donde la liturgia debe comenzar a las 10:00, hora local.
En el lugar fueron levantadas la carpa principal, donde se encuentra el altar, y otras auxiliares para diferentes usos, además de que se dispusieron sillas, equipos de sonido y se crearon otras condiciones de seguridad, para la hidratación de las personas y la atención sanitaria.
El Sumo Pontífice llegó a Angola la víspera, procedente de Camerún y fue recibido en el aeropuerto internacional “4 de Fevereiro” por el presidente angoleño, João Lourenço.
Tras la recepción en la pista, donde se encontraban obispos de la Conferencia Episcopal de Angola y Santo Tomé, ambos dignatarios conversaron brevemente antes de trasladarse al Palacio Presidencial de Ciudad Alta para las conversaciones oficiales y el intercambio de presentes.
Miles de angoleños acompañaron el trayecto del papamóvil desde la terminal aérea hasta Ciudad Alta, y luego al salón protocolar donde el líder de la Iglesia Católica dirigió unas palabras a representantes de la sociedad civil, del cuerpo diplomático acreditado en el país y autoridades religiosas y gubernamentales.
“Dios bendiga a Angola”, dijo en el encuentro, y también llamó a trabajar por los sueños de la juventud y a unir fuerzas por un país mejor.
“Estoy aquí entre ustedes al servicio de las mejores fuerzas que animan a las personas y a las comunidades de Angola, que es un mosaico muy colorido. Deseo escuchar y alentar a aquellos que ya escogieron el bien, la justicia, la paz, la tolerancia y la reconciliación”, sostuvo.
El Papa transmitió un mensaje de aliento a las víctimas de las fuertes lluvias e inundaciones que afectaron a la provincia de Benguela y destacó la gran corriente de solidaridad que se mueve en el país para apoyar a los damnificados.
La jornada sabatina cerró con una reunión privada con los obispos angoleños, en la sede de la Nunciatura Apostólica en Luanda.
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