De esa suerte, caen los ultra lujos y crece la clase media digital, lo que influye sobremanera en dicho comercio. El comercio mundial de obras de arte cerró el primer trimestre de 2026 con movimientos por ocho mil 500 millones de dólares, según el último reporte de Art Basel y UBS.
La cifra representa una contracción del 12 por ciento frente al mismo período de 2025, confirmando el fin del boom postpandémico que llevó las subastas a récords históricos.
La alta inflación y las guerras activas en Europa del Este y Medio Oriente enfrían el apetito de los grandes coleccionistas.
Las casas Christie’s, Sotheby’s y Phillips reportaron una caída del 25 por ciento en ventas por encima de los 10 millones de dólares.
Los compradores asiáticos, especialmente de China y Singapur, recortaron su participación en Nueva York y Londres, mientras que los emiratíes ganan terreno en compras de arte moderno y contemporáneo.
En contraste, el segmento de obras valuadas entre 20 mil y 200 mil dólares creció 18 por ciento, impulsado por plataformas de NFT curados y galerías virtuales con sede en Seúl, Berlín y São Paulo.
Otro fenómeno destacado es el auge del Arte de zona de conflicto: obras creadas en Ucrania, Sudán y Gaza, que encuentran canales alternativos de comercialización vía blockchain. Según expertos de la firma ArtTactic, ya representan el cuatro por ciento del mercado secundario global.
Sin embargo, la autenticidad y el lavado de activos siguen siendo dolores de cabeza. Interpol reportó un incremento del 30 por ciento en incautaciones de piezas falsificadas vendidas como originales.
El mercado se vuelve más líquido pero también más riesgoso, advierte la analista Carolina Méndez. Las casas tradicionales apuestan ahora por certificados de procedencia con inteligencia artificial para recuperar la confianza, el 2026 pinta como un año de transición, no de euforia.
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