El portavoz del gobierno de RDC, Patrick Muyaya, informó este lunes que Nyankunde, en el territorio Irumu en la provincia de Ituri; y Katwa, en la ciudad de Butembo, en la provincia de Kivu Norte, se unen a las ya notificadas ciudades de Goma, en esta última provincia, y Mongwalu, Rwampara y Bunia, en Ituri.
Igualmente llamó la atención sobre la rápida propagación y notable incremento de la mortalidad, lo cual demanda un riguroso cuidado de las medidas dispuestas para evitar que la enfermedad continúe extendiéndose.
El actual brote de ébola, el número 17 que notifica la RDC, tiene la particularidad de que se trata de la cepa Bundibugyo del virus, para la cual no existe vacuna ni tratamiento aprobado, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El director del Instituto Nacional de Investigación Biomédica (INRB), Jean-Jacques, explicó, además, que la secuenciación completa del genoma viral ha confirmado que se trata de una variante genéticamente distinta de las epidemias anteriores de Bundibugyo de 2007 y 2012, originada directamente de un reservorio animal.
Ante la situación, el Gobierno de RDC decidió cerrar parcialmente desde este lunes el cruce fronterizo en los puestos Rusizi 1 y 2, el cual permite el acceso entre la provincia de Kivu Sur, en el este congoleño, y la ciudad de Cyangugu, en Ruanda.
Igualmente se creó un grupo de trabajo para gestionar las medidas preventivas y la respuesta en la provincia de Kivu Sur, vecina de las dos afectadas hasta el momento.
En tanto, las autoridades sanitarias de Sudán del Sur informaron hoy la detección de un caso del virus del Ébola en Nabiapai, en el estado de Equatoria Occidental, cerca de la frontera con la RDC.
Anteriormente se notificó la presencia de la enfermedad en Uganda, y en esta jornada el INRB congoleño señaló que entre los pacientes confirmados se encuentra un médico estadounidense.
El ébola está afectando el este congoleño, justo la región del país que atraviesa una grave crisis humanitaria y de seguridad, debido a las acciones de los grupos armados que han desplazado a alrededor de siete millones de personas, muchas de las cuales no tienen acceso a condiciones básicas de alojamiento, agua, alimentación y servicios de salud.
Frente a la mortalidad de la enfermedad, su rápida propagación, condiciones en el terreno e inexistencia de tratamiento y vacunas, la OMS declaró el 17 de mayo la Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII).
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