La industria de los deportes de riesgo y el turismo de aventura dejaron de ser un nicho para consolidarse como un gigante económico global que mueve más de 188 mil millones de dólares anuales sólo en el mercado emisor de Norteamérica.
Tal apreciación la formuló el último informe de la Adventure Travel Trade Association (ATTA).
Con un crecimiento anual superior al seis por ciento proyectado hasta 2034 para el sector de los Power sports -que incluye motos de agua, cuatriciclos y vehículos todoterreno- este rubro se convirtió en un pilar estratégico para destinos turísticos de todo el mundo.
De acuerdo con el reporte Adventure Travel Market Sizing: North America 2026, el 64 por ciento de los viajeros estadounidenses y canadienses se definen como Abiertos a la aventura.
Se trata de una categoría que ya no se limita a actividades de alta adrenalina, sino que abarca inmersión cultural, contacto con la naturaleza y aprendizaje. Este cambio de paradigma transforma la demanda.
Los turistas buscan experiencias con capas, donde una caminata escénica se combine con narraciones locales o un avistaje de fauna incluya interacción comunitaria.
El gasto medio por noche de estos viajeros alcanza los 279 dólares, con estancias promedio de nueve días, y aproximadamente el 75 por ciento del dinero que desembolsan queda en las economías locales, lo que potencia el desarrollo de comunidades receptoras.
Además, los viajeros de aventura gastan unos 263 dólares adicionales en artesanías y souvenirs, generando un efecto derrame directo en pequeños productores.
Detrás del auge, existe un sofisticado entramado financiero. Los seguros de vida y salud para practicantes de deportes de alto riesgo son un mercado en expansión: las aseguradoras aplican tablas de rating que pueden elevar las primas entre un 40 y 80 por ciento para competidores frecuentes.
Ello ocurre, aunque quienes practican disciplinas extremas de forma recreativa (una o dos veces al año) pueden acceder a tasas casi estándar si cuentan con certificaciones y equipos de seguridad homologados.
Por otro lado, el mercado de equipamiento crece a tasas del 6,6 por ciento anual y se espera que alcance los 51 mil 620 millones de dólares en 2030, impulsado por la electrificación de vehículos todoterreno y la integración de tecnologías conectadas.
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