La geopolítica reconfiguró el mapa del comercio global en los primeros meses de 2026.
Mientras la Organización Mundial del Comercio (OMC) muestra signos de parálisis y Estados Unidos transita por una compleja reingeniería arancelaria tras un histórico fallo judicial, la Unión Europea (UE) concretó dos megacuerdos
Tales arreglos fueron con Mercosur e India, a la par que Asia profundiza su integración bajo el paraguas del Asociación Económica Integral Regional (RCEP) y la nueva Alianza China-Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN).
El tablero del comercio internacional aparece con una imagen dual: por un lado, la proliferación de acuerdos bilaterales y regionales que crean enormes zonas de libre comercio; por el otro, la creciente dificultad para alcanzar consensos en el ámbito multilateral de la OMC.
El primer gran hito del año llegó el pasado 17 de enero, cuando la UE y los países fundadores del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) firmaron un tratado gestado durante más de 25 años.
El acuerdo, que aún enfrenta obstáculos legales tras un pedido de opinión al Tribunal de Justicia de la UE por parte del Parlamento Europeo, crearía uno de los bloques comerciales más grandes del mundo, abarcando a unos 700 millones de consumidores.
Apenas 10 días después, el 27 de enero, Bruselas añadió otro logro a su vitrina: la conclusión de las negociaciones para un Tratado de Libre Comercio con India, calificado por la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, como el Acuerdo más grande de todos.
Con casi dos mil millones de personas, el pacto eliminará aranceles sobre el 96,6 por ciento de las exportaciones europeas, incluyendo los automóviles que hasta ahora pagaban un 110 por ciento de arancel para ingresar al mercado indio.
Analistas coinciden en que el giro estratégico de Europa responde a la necesidad de diversificar socios ante la creciente imprevisibilidad de Estados Unidos.
En Washington, la situación es volátil. La Corte Suprema declaró ilegales los aranceles impuestos bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA).
Ello obligó a la administración a recurrir a la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974 para imponer un arancel temporal del 10 por ciento a todas las importaciones, vigente hasta el 24 de julio.
Paralelamente, la revisión del T-MEC, que debe renovarse el 1 de julio, se perfila como una negociación clave para la región.
Mientras tanto, en el Pacífico asiático, la integración avanza silenciosamente pero con paso firme. El RCEP cumple cuatro años de vigencia, consolidándose como el mayor bloque comercial del planeta.
China, en su rol de anfitrión del Foro de Cooperación Económica de Asia-Pacífico (APEC) en 2026, impulsa la entrada en vigor del acuerdo de libre comercio 3.0 con la ASEAN, que incorpora disciplinas en economía digital, cadenas de suministro y transición verde.
Las estadísticas reflejan el éxito de la estrategia: el 46 por ciento del comercio exterior de China ya se realiza con socios del RCEP y, solo en el primer trimestre de 2026, el intercambio comercial entre China y los países de la ASEAN creció un 15,4 por ciento interanual.
El contraste con el plano multilateral no podría ser más extremo. Las dos últimas conferencias ministeriales de la OMC (MC13 en Abu Dhabi y MC14 en Yaundé, Camerún) terminaron con magros resultados y profundas divisiones.
En Abu Dhabi, el organismo fracasó en cerrar acuerdos sobre subvenciones a la pesca y agricultura, logrando apenas una extensión temporal de la moratoria al comercio electrónico.
Peor fue el resultado en Yaundé, en marzo de 2026. La moratoria sobre derechos de aduana a las transmisiones electrónicas -vigente desde 1998 y piedra angular del comercio digital- expiró sin que los 166 miembros lograran un consenso para renovarla.
Un grupo de 23 países, liderados por México, Estados Unidos y la Unión Europea, firmaron un compromiso paralelo para mantenerla, pero el fracaso en el seno de la OMC evidenció la parálisis del organismo.
El mundo es, por tanto, un escenario de bloques. Ante la dificultad de acordar reglas globales, las potencias optan por asegurar sus cadenas de suministro a través de acuerdos bilaterales y regionales, en un proceso que algunos analistas ya denominan la regionalización del comercio mundial.
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