El estudio, divulgado por el estatal Instituto de Investigación Económica Aplicada (Ipea) y el Fórum Brasileiro de Seguridad Pública, contabilizó 42 mil 590 homicidios en ese periodo, equivalentes a 20,1 casos por cada 100 mil habitantes, una caída de 7,4 por ciento respecto a 2023.
Sin embargo, esa disminución convive con un escenario en el que jóvenes, negros y mujeres siguen siendo sectores muy expuestos a la violencia letal.
Uno de los datos más alarmantes apunta a la población afrodescendiente, pues en 2024 fueron asesinadas 32 mil 820 personas negras, el 77 por ciento del total de víctimas del país.
La tasa de homicidios entre ese grupo resultó 170,3 por ciento superior a la de otros, lo que significa que un ciudadano negro tuvo 2,7 veces más probabilidades de morir asesinado, con los estados de Amapá, Alagoas, Pernambuco y Bahía concentrando los peores indicadores.
En ese sentido, la investigación señala además que, aunque la violencia disminuyó en términos generales durante la última década, la reducción benefició más a la población no negra.
Mientras los homicidios en otros grupos cayeron 38,9 por ciento desde 2014, entre los negros la reducción fue de apenas 21,7 puntos porcentuales.
Al mismo tiempo, la juventud continúa en el centro de la violencia brasileña: entre 2014 y 2024, más de 301 mil personas entre 15 y 29 años fueron asesinadas, un promedio de 75 muertes diarias.
Solo en 2024 murieron 19 mil 801 jóvenes, de los cuales 18 mil 545 eran hombres.
El Atlas deja ver así que la violencia letal juvenil es predominantemente masculina y asociada al uso de armas de fuego, utilizadas en más del 84 por ciento de los homicidios de adolescentes entre 15 y 19 años.
Con relación a las mujeres, el informe reconoce que Brasil alcanzó en 2024 la menor tasa de homicidios femeninos desde el inicio de la serie histórica, con tres mil 642 asesinatos.
No obstante, advierte que la violencia dentro del hogar permanece prácticamente estable, lo que indica que los feminicidios no siguieron la misma tendencia descendente de otros crímenes violentos.
Las mujeres negras también aparecen como las principales víctimas. La tasa de homicidios en ese grupo fue 66,7 por ciento superior a la de las mujeres no negras.
El Atlas identifica además un aumento de las agresiones contra personas LGBTQIAPN+, indígenas, ancianos y personas con discapacidad.
De 2023 a 2024 crecieron las notificaciones de violencia contra homosexuales, bisexuales, transexuales y travestis, mientras que los homicidios de indígenas aumentaron de forma acelerada en estados como Amazonas y Bahía.
Otro aspecto destacado por los investigadores es el aumento de los llamados “homicidios ocultos”, casos registrados oficialmente como muertes violentas de causa indeterminada.
Según el estudio, esos hechos crecieron 88,6 por ciento entre 2023 y 2024, lo que genera preocupación sobre un posible subregistro de la violencia letal y limita la formulación de políticas públicas de seguridad.
El Nordeste volvió a concentrar la mayor parte de las ciudades más violentas del país: 17 de los 20 municipios con mayores tasas estimadas de homicidio se ubican en esa región.
Maranguape, en el estado de Ceará, encabezó el ranking nacional con 87,2 homicidios por cada 100 mil habitantes, seguida por Jequié, en Bahía, con 79,4, y Maracanaú, también en Ceará, con 74,1.
Bahía aparece como el estado con mayor número de municipios entre los más violentos de Brasil, con 10 ciudades en la lista, mientras Ceará suma otras cinco.
El Atlas atribuye este panorama a la expansión de facciones criminales, conflictos territoriales y fragilidades estructurales en la seguridad pública regional.
Los investigadores destacan que el Norte y el Nordeste enfrentan dinámicas más intensas de crimen organizado y menor capacidad institucional para investigar homicidios y alimentar adecuadamente los sistemas de información oficiales.
En contraste, las 20 ciudades menos violentas del país se concentran exclusivamente en las regiones Sur y Sudeste, consideradas las áreas con mayores niveles de urbanización consolidada, envejecimiento poblacional y estructuras estatales más robustas.
Los estados de São Paulo y Santa Catarina, junto con el Distrito Federal, registraron las menores tasas oficiales de homicidios en 2024, aunque las desigualdades raciales persisten incluso en esos lugares.
Amazonas, por su parte, registró un fuerte incremento de la violencia contra pueblos indígenas, con un aumento de 36 casos en 2023 a 73 en 2024, equivalente a más de 120 por ciento.
Las cifras perfilan así un escenario en el que, si bien disminuyen los homicidios de manera general, esto no ocurrió de forma homogénea y las poblaciones más vulnerables continúan soportando el peso principal de la violencia estructural.
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