El representante de la izquierda pidió en las últimas horas un cese a las manifestaciones agresivas, al tiempo que divulgó la foto de una valla en la que su contrincante aparece sometiéndolo en el suelo.
“Ni la violencia simbólica que siembra miedo y resentimiento, ni la violencia física que pretende destruir a otros. Hago un llamado sincero a quienes nos acompañan y respaldan nuestro proyecto: no se dejen arrastrar por el odio, o la provocación. Respondamos a la agresión con argumentos, a la mentira con la verdad y a la violencia con la serenidad”, pidió en sus redes sociales.
Incluso el Centro de Cooperación e Intercambio Internacional Cohesia, cuyos integrantes participaron en calidad de observadores en los comicios del pasado 31 de mayo, alertaron sobre la existencia de “discursos que justifican la violencia política, promueven la eliminación física de ciudadanos o presentan a una parte de la sociedad colombiana como un enemigo a exterminar”.
La violencia verbal o simbólica en la campaña no es nueva por parte de De la Espriella y una de sus más ilustrativas amenazas fue proferida en julio del pasado año.
“Sepan ustedes, señores de la izquierda, en mí tendrán a un enemigo acérrimo que hará todo lo posible para destriparlos y enfrentarles, determinada y decididamente. A esa plaga hay que erradicarla”, comentó en una entrevista.
La intimidación fue y es vista como un tema de extrema seriedad en un país que sufrió el exterminio hace unos años del partido Unión Patriótica, como resultado de las alianzas entre miembros de la Fuerza Pública, paramilitares y políticos liberales contra lo que ellos consideraban como estructuras urbanas de las insurgencias.
En este punto las campañas buscan recabar nuevos apoyos.
Si bien tras su derrota en las urnas el partido del expresidente Álvaro Uribe (2002-2010), Centro Democrático, ofreció su mano al ultraderechista, el candidato recibió la señal con aparente desdén.
En cambio, si agradeció efusivamente el “apoyo total” ofrecido por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
“Con la frente en alto y el corazón palpitante de gratitud patriótica, recibo sus palabras y su firme apoyo. ¡Gracias, señor Presidente! En usted reconozco a un líder de temple, que no se doblega ante las modas ideológicas ni ante los enemigos de la libertad”, escribió en su red social X.
El tigre, como se apoda a sí mismo el ultraderechista nacionalizado estadounidense desde 2023, refiere que habría una presunta compra de votos en la región Caribe por parte de la campaña rival, sin dar pruebas de ese comentario.
Sin embargo, amenazó con pedirle a Estados Unidos que incluya en la lista de sanciones del Departamento del Tesoro a quienes él estima incurren en la supuesta comisión de ese delito.
Cepeda, por su parte, recibió numerosas muestras de afecto por parte de jóvenes que, casi a diario, marchan en diferentes zonas del país para mostrarle su simpatía.
Organizaciones estudiantiles de la Universidad del Valle, la casa de altos estudios pública más importante del suroccidente, anunciaron un paro de 20 días tras el resultado de la primera vuelta en señal de respaldo hacia el candidato del Pacto Histórico.
El expresidente Ernesto Samper (1994-1998) informó también que realizará una gira por Bogotá y algunas otras ciudades en favor del candidato progresista.
Según han reconocido los integrantes de la campaña de Cepeda, se necesitan tres millones de votos para vencer en el balotaje, un millón de los cuales buscan conseguirlos en la capital a través de la adhesión de sectores de centro.
Mientras Cepeda propone una “revolución ética desde la defensa de la humanidad”, De la Espriella habla de buscar por todos los medios un motivo para extraditar a Estados Unidos al presidente Gustavo Petro y “destripar” a una izquierda cuyas filas suman millones en la nación.
En este contexto quizá convendría prestar atención a la conclusión del politólogo y columnista Tomás Molina, quien considera que si el ultraderechista llega al poder, “tengan toda la seguridad de que la República va a ser invivible”.
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