La ceremonia combina manifestaciones de fe, patrimonio cultural y expresiones artísticas heredadas de varias generaciones.
En el Casco Antiguo de la capital, declarado Patrimonio Mundial por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), decenas de voluntarios trabajan desde tempranas horas en la confección de coloridas alfombras de sal, una tradición que transforma calles y plazas en escenarios efímeros para el paso de la procesión del Santísimo Sacramento.
Las elaboradas creaciones, realizadas con sal teñida, aserrín y otros materiales naturales, representan motivos religiosos y símbolos propios de la cultura panameña, convirtiéndose en uno de los principales atractivos de la jornada.
Ricardo Gago, integrante del comité de iglesias del Casco Antiguo, explicó que la procesión conserva elementos tradicionales que han caracterizado esta celebración durante décadas.
“Suena el llamado de las trompetas y los diablitos se colocan en una calle de honor. Luego avanza la custodia acompañada por oraciones, cánticos y las distintas estaciones en los templos del recorrido”, señaló.
De acuerdo con Gago, uno de los momentos más significativos tiene lugar en la Plaza Catedral, cuando la procesión modifica su trayecto para que la custodia sea la primera en recorrer la alfombra principal preparada para la ocasión.
“Después avanzan los sacerdotes, el arzobispo y las agrupaciones de diablitos, que representan la rendición del mal ante la presencia de Cristo”, precisó.
Las danzas de diablicos constituyen uno de los rasgos distintivos del Corpus Christi panameño.
Esta tradición, especialmente arraigada en localidades de la provincia de Los Santos como La Villa de Los Santos, Parita y Las Tablas, mezcla elementos religiosos, teatrales y folclóricos que se remontan al período colonial.
Especialistas en patrimonio cultural destacan que estas representaciones simbolizan la victoria del bien sobre el mal y forman parte del legado inmaterial más importante del país.
Aunque las alfombras de sal son una práctica ampliamente reconocida en la región de Azuero, desde hace varios años se incorporaron al programa de actividades del Casco Antiguo para acercar la celebración a residentes de la capital y turistas nacionales y extranjeros.
Para esta edición fueron confeccionadas tres alfombras en los alrededores de la Plaza Catedral, donde también se desarrollan actos litúrgicos, presentaciones culturales y encuentros comunitarios.
Ante los pronósticos de lluvias propios de la temporada, los organizadores instalaron estructuras temporales para proteger el trabajo de artesanos y voluntarios, quienes dedicaron varias jornadas a la preparación de los diseños.
La solemnidad de Corpus Christi, instaurada por la Iglesia católica en el siglo XIII para exaltar la presencia de Cristo en la Eucaristía, mantiene en Panamá una especial relevancia por la riqueza de sus expresiones culturales, reconocidas entre las más singulares de América Latina.
La conmemoración constituye además un espacio de encuentro entre generaciones, donde convergen espiritualidad, identidad nacional y preservación de tradiciones que continúan vigentes en el corazón histórico de la nación istmeña.
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