El joven maravilla de Mercedes, de 19 años, dominó sin fisuras y salió indemne de una carrera rota por incidentes, sanciones y un asfalto traicionero que puso en jaque a la Federación Internacional de Automovilismo.
La largada, esperada como duelo decisivo, se deshizo en un suspiro cuando el neerlandés Max Verstappen rompió el motor de su Red Bull en el primer segundo, se arrastró hasta boxes y despejó el camino para el italiano hacia su primer triunfo en Montecarlo.
Sin su rival directo, Antonelli impuso un ritmo preciso en un circuito donde adelantar es una quimera, mientras el británico George Russell naufragaba entre investigaciones y penalizaciones que lo dejaron sin puntos y agrandaron la brecha en el campeonato.
El asfalto recién intervenido en la variante Anthony Noghès se convirtió en trampa, provocó accidentes en cadena y castigó al canadiense Lance Stroll y, sobre todo, al monegasco Charles Leclerc, quien perdió el podio en casa tras estrellarse en un insólito episodio de falta de agarre.
La prueba derivó en un rompecabezas de sanciones por fallos de telemetría y limitador de velocidad, con casi una decena de castigos que desdibujaron la clasificación y evidenciaron una jornada especialmente compleja para la FIA.
Ni la bandera roja a diez vueltas del final ni la resalida en parado alteraron la serenidad del italiano, que contuvo el acecho del británico Lewis Hamilton y cruzó la meta para entrar en la historia como el ganador más joven en Mónaco.
Con el quinto triunfo en fila, Antonelli no solo gobierna el campeonato, sino que amplía a cifras siderales su ventaja sobre Russell y consolida una temporada que, de China a Montecarlo, lleva su firma como una sentencia temprana.
Hamilton capitalizó el caos para escalar posiciones y colocarse segundo del Mundial, mientras Verstappen y Leclerc, golpeados por la mecánica y el infortunio, cayeron en un día donde el Principado volvió a coronar a quien mejor resistió la locura.
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