El comercio mundial del calzado, un sector que mueve más de 24 mil millones de pares anuales, avanza en 2026 con paso firme pero desigual.
De acuerdo con datos de Statista, el mercado global generará ingresos por 550 mil millones de dólares este año, con una tasa de crecimiento anual del 5,41 por ciento de cara a 2030.
Sin embargo, detrás de esa cifra agregada se esconde un panorama de fuertes contrastes regionales y profundas transformaciones estructurales.
Asia sigue siendo el epicentro indiscutible de la producción. El profesor Vasco Rodrigues, de la Universidad Católica Portuguesa, presentó en enero pasado un panorama contundente al respecto.
Señaló que el 90 por ciento de los 24 mil millones de pares producidos provienen de Asia, con China a la cabeza, seguida de India, Vietnam, Indonesia y Pakistán. Cada uno de estos países fabrica más calzado que toda Europa junta, que apenas representa el 2,3 por ciento de la producción mundial.
En el consumo, la fotografía es más matizada. Mientras que los norteamericanos adquieren cinco pares por persona al año y los europeos cuatro, los africanos compran solo un par anual, lo que convierte a África en el mercado continental más desatendido.
Estados Unidos lidera en ingresos con 109 mil millones de dólares en 2026, pero China le pisa los talones y se perfila como el próximo gran mercado consumidor.
El auge del Athleisure y la Comodidad como bandera redefinen las preferencias. Investigadores de Mordor Intelligence señalan que Adidas experimentó un aumento del 17 por ciento en ventas de calzado en 2024 impulsado por diseños orientados al rendimiento.
Por demás, las marcas están integrando espumas ligeras y placas de retorno de energía en líneas de uso diario. El informe World Footwear de diciembre de 2025 añade que el calzado es la única categoría de moda en Estados Unidos que recupera niveles pre-pandemia.
Sin embargo, no todo es crecimiento. Europa enfrenta una desaceleración preocupante. En Francia, las ventas de calzado cayeron 1,4 por ciento en valor y 2,6 en volumen interanual, según el mismo informe.
En Alemania, el comercio electrónico es el único sostén con 12,9 por ciento de crecimiento, mientras España registra una subida del 11 en ventas online pero una caída general de precios que erosiona la rentabilidad de los distribuidores.
La trayectoria de Estados Unidos es muy impredecible y las previsiones apuntan a un crecimiento económico global desigual, advirtió Rodrigues en la conferencia FAIST.
Japón emerge como el motor inesperado, pues el segmento de accesorios y calzado nipón creció 44 por ciento anual, impulsado por el gasto de turistas internacionales y un aumento del 27,3 por ciento en el comercio electrónico.
En las antípodas, los productos falsificados representan una lacra global: las imitaciones ilegales mueven 467 mil millones de dólares anuales, según datos del sector, lo que complica los esfuerzos de marcas legítimas como Birkenstock, que recurre a inspecciones judiciales en fábricas de la India.
La sostenibilidad y la regulación marcan el siguiente paso, cuando la Unión Europea (UE), a través del Reglamento de Diseño Ecológico para Productos Sostenibles (ESPR), está estableciendo el estándar global en materia de exigencias ambientales.
Ello empuja a los fabricantes hacia alternativas de cuero biobasado, por ejemplo.
El reto para 2026, concluyen los analistas de World Footwear, ya no es esperar una recuperación milagrosa, sino reconfigurar el modelo hacia una rentabilidad selectiva: reasignar geográficamente las inversiones, y blindar los márgenes con gestión quirúrgica de inventarios.
Además, esgrimen convertir el canal directo al consumidor (D2C) en la primera línea de defensa, elementos que los reflejan en sus páginas Mordor Intelligence, Statista, World Footwear Retail Flash, APICCAPS/FAIST conference, y FashionNetwork.
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