El vicegobernador Shinichi Uchida explicó que la entidad seguirá ajustando los tipos para mantener la inflación cerca del objetivo del dos por ciento, pues los precios mayoristas -que en mayo subieron un 6,3 por ciento interanual- podrían trasladarse con rapidez al consumo.
Uchida igual subrayó que las fluctuaciones cambiarias, con el dólar por encima de los 160 yenes, constituyen un factor clave en la evolución económica.
De forma paralela, el banco anunció que mantendrá compras de bonos por unos dos billones de yenes (12,48 mil millones de dólares estadounidenses) mensuales a partir de 2027, con lo cual abandona el plan de reducción gradual previsto, a fin de estabilizar el mercado de deuda.
El endurecimiento monetario se produce en un contexto de incertidumbre internacional tras el acuerdo entre Estados Unidos e Irán para poner fin a la guerra, que aunque reduce riesgos de suministro, mantiene elevados los costos de transporte y materias primas.
La decisión marca la primera subida desde diciembre y devuelve la política monetaria japonesa a la senda de la normalización tras tres décadas de estímulos extraordinarios.
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