Starmer declaró ante la prensa que si hay una contienda por el liderazgo, participará en ella. «Me presentaré como candidato. He dicho en reiteradas ocasiones que no pienso renunciar», afirmó para frenar especulaciones sobre un posible relevo en Downing Street.
Burnham, quien ganó el escaño por el distrito de Makerfield, en el norte de Inglaterra, cuenta ahora con el respaldo de unos 100 diputados laboristas que exigen públicamente la salida de Starmer, según fuentes parlamentarias.
Para activar la moción de cambio, el alcalde necesita el apoyo del 20 por ciento de la bancada laborista (81 legisladores).
El analista político Tim Bale, de la Universidad Queen Mary de Londres, opinó que la victoria de Burnham no es solo un revés electoral, sino un síntoma del descontento crónico en el ala izquierda del partido, que considera a Starmer demasiado centrista y alejado de las bases.
La crisis se agravó tras los comicios locales del 7 de mayo, cuando los laboristas perdieron por primera vez el control del Parlamento de Gales y obtuvieron mil 400 concejales menos en Inglaterra. Starmer asumió la responsabilidad del fracaso, pero se negó a dimitir tanto del liderazgo partidista como del Gobierno.
Burnham, actual alcalde del Gran Mánchester, debió asegurar su escaño en la Cámara de los Comunes para poder optar a la dirección del partido, ya que ese requisito es indispensable. Si logra desbancar a Starmer, automáticamente se convertiría en jefe del Ejecutivo británico.
El futuro inmediato del laborismo dependerá de los próximos movimientos de Burnham y de la capacidad de Starmer para recomponer puentes con su bancada. Mientras tanto, la incertidumbre política sacude al Reino Unido en pleno debate sobre su papel en la Organización del Tratado del Atlántico Norte y su relación con la Unión Europea.
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