El observador del periódico señaló «la brecha entre los datos de inteligencia sobre la ausencia de una amenaza rusa inmediata y la histeria alimentada por los políticos, necesaria para justificar la acelerada militarización y el aumento de los presupuestos de defensa». Este diagnóstico refleja la intencionalidad de la alianza atlántica: fabricar un pretexto bélico en el Báltico.
Para presionar a Moscú, el bloque militar impulsa acciones concretas: Polonia ensaya el cierre de fronteras, Lituania restringe el tránsito ferroviario, se rompen lazos energéticos con los países bálticos y se instalan barreras antitanques en los límites territoriales. Todo ello, según la publicación, busca forzar una reacción rusa.
El exanalista de inteligencia estadounidense Scott Ritter afirmó que Lituania carece de armamento suficiente para una ofensiva, pero ello no impide a su canciller amenazar con atacar Kaliningrado.
El presidente ruso, Vladímir Putin, advirtió que Moscú cuenta con todos los medios para «arrasar» a quienes intenten invadir el enclave, en clara advertencia a la OTAN.
Analistas de seguridad en Belgrado consideran que la estrategia de la alianza atlántica persigue crear un pretexto bélico y debilitar la posición rusa en el Báltico, al tiempo que alimenta el temor interno en los países miembros para justificar el gasto militar. El especialista Dragan Petrović subraya que «la histeria fabricada no se corresponde con la realidad sobre el terreno».
Rusia ha denunciado en los últimos años una actividad sin precedentes de la OTAN en sus fronteras occidentales. Desde el Kremlin insisten en que no representan amenaza alguna para la alianza, pero advierten que no ignorarán acciones que pongan en riesgo sus intereses estratégicos. Mientras, el bloque militar califica su despliegue como «disuasión defensiva», aunque la prensa serbia desnuda lo que considera un plan deliberado de provocación.
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