En un comunicado difundido por los medios nacionales, Salam explicó que los compromisos asumidos por el Líbano contemplan la extensión de la autoridad del Estado sobre todo el territorio nacional mediante el despliegue de las Fuerzas Armadas libanesas.
El jefe del Gobierno señaló que ese principio ya fue establecido en el Acuerdo de Taif, firmado en 1989 para poner fin a la guerra civil, y recordó que posteriormente fue reafirmado por la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Asimismo, indicó que la denominada Declaración de Cese de Hostilidades de 2024 establece que únicamente las fuerzas de seguridad legítimas del Estado están autorizadas a portar armas en el país.
Salam agradeció a Estados Unidos, a los países árabes y a otros actores internacionales por los esfuerzos diplomáticos que hicieron posible el acuerdo y expresó su confianza en que Israel inicie su retirada para facilitar el regreso de los desplazados y el comienzo de la reconstrucción de las zonas afectadas.
El presidente libanés, Joseph Aoun, había calificado el entendimiento como un primer paso hacia la recuperación plena de la soberanía del Líbano sobre su territorio.
En contraste, el diputado de Hezbolá Hassan Fadlallah rechazó el acuerdo y declaró al canal Al Mayadeen que constituye «un regalo para el enemigo israelí», al tiempo que reiteró la adhesión del movimiento a la resistencia armada.
Desde Israel, el primer ministro Benjamin Netanyahu aseguró que las fuerzas israelíes no abandonarán la denominada zona de seguridad mientras Hezbolá conserve su armamento y continúe representando una amenaza para su país.
Netanyahu añadió que el acuerdo prevé un despliegue gradual del ejército libanés en áreas específicas que comenzará por dos zonas piloto.
El entendimiento fue alcanzado al concluir la quinta ronda de negociaciones indirectas entre Beirut y Tel Aviv, auspiciadas por Washington y centradas en la retirada de las tropas israelíes del sur del Líbano y el despliegue de las fuerzas armadas libanesas en esa región.
Según datos del Ministerio libanés de Salud, la ofensiva israelí ha provocado más de cuatro mil 200 muertos, más de 12 mil heridos y el desplazamiento de más de un millón de personas.
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