Bajo un sol inclemente que convirtió el asfalto en fragua, la carrera se quebró en las rampas de Montjuïc, donde el esloveno Tadej Pogacar moldeó la batalla y terminó por ofrecerle la gloria a su joven compañero.
La escapada fue un espejismo contenido hasta que el pelotón, gobernado por los intereses de la general, activó la guerra a 32 kilómetros de la meta, cuando la captura del último fugado encendió la mecha de un duelo sin concesiones.
El estadounidense Brandon McNulty (UAE Team Emirates-XRG) marcó el ritmo triturando el grupo y enviando un mensaje directo al danés Jonas Vingegaard (Team Visma-Lease a Bike), quien terminaría cuarto y conservaría el liderato.
En el segundo y tercer paso por la cota, el británico Tom Pidcock (INEOS Grenadiers) y el estadounidense Matteo Jorgenson (Team Visma-Lease a Bike) resistieron a rueda, mientras Pogacar aguardaba con la calma del depredador.
Llegó el golpe definitivo cuando Del Toro tensó la cuerda, abrió un hueco selecto y dejó sin respuesta a Vingegaard, con Pogacar a su estela como testigo y arquitecto de una victoria que llevaba su firma invisible.
El belga Remco Evenepoel (Soudal Quick-Step) cruzó tercero en una jornada que consagró el dominio táctico del UAE Team Emirates-XRG y confirmó la emergencia de un heredero con piernas de fuego.
En meta, el abrazo entre Pogacar y Del Toro selló una escena de relevo simbólico, con el mexicano llorando su primera victoria en el Tour y convirtiéndose en el segundo de su país en lograrlo tras Raúl Alcalá.
Barcelona despidió a la caravana con orgullo y piel erizada, mientras el Tour, ya incendiado, apunta hacia una semana donde el calor y la montaña prometen elevar aún más la épica.
kmg/blc





