La Habana, 9 jul (Prensa Latina) Hay crisis humanas y de otro tipo que con el paso de los días, a despecho de su magnitud, pasan a ser parte del paisaje cotidiano y dejan de ser objeto de atención, es un mecanismo de la naturaleza humana, el cual tiende a centrarse en lo nuevo.
El genocidio y la limpieza étnica israelí contra la población civil en la Franja de Gaza que por su persistencia, ya sobrepasa los mil días, lleva camino a integrar esa categoría.
Sin embargo, las aristas, magnitud y resultados en términos de sus consecuencias en la existencia de seres humanos, merecen otro destino.
Una faceta que confiere especial relieve a ese drama es que sus autores, el ejército israelí, es el número 15 en la lista de los 20 más poderosos del mundo, por debajo de Japón, Corea del Sur, Indonesia, Australia, Brasil, España, Irán, Egipto y Ucrania que, a diferencia de las fuerzas armadas de Tel Aviv, no poseen la bomba atómica, lo que tiende a crear dudas sobre la acuciosidad de la citada relación.
Aunque nunca confesada, esa capacidad nuclear dejó de ser conjetura desde que en 1986 un científico israelí, Mordejai Vanunu, la hizo pública lo que le costó ser secuestrado, llevado a su país y condenado a 18 años de cárcel.
El programa nuclear asimismo permite a Tel Aviv dotarse con proyectiles de artillería cargados con uranio empobrecido, empleados en varias ocasiones en ataques contra la población civil del sur libanés, como certificó una comisión de expertos y juristas españoles que visitaron la zona.
La Franja de Gaza es una fruta apetecida por varios gobiernos israelíes tanto por su territorio, como por la probable existencia en sus aguas territoriales de yacimientos de gas y petróleo y una pieza clave del superobjetivo de crear el Gran Israel, una entidad que abarcaría desde el río Nilo, en Egipto, hasta el Éufrates, en Iraq.
En rigor de verdad esta no es la primera ocasión que Gaza es blanco de una agresión castrense de Tel Aviv, aunque también es cierto que el grado de destrucción y, sobre todo, el ensañamiento contra la población inerme es inédito.
El Ministerio de Salud palestino reportó que el número de muertos por los ataques por aire, mar y tierra costaron la vida a 73 mil 102 personas, más de la mitad mujeres y niños, y heridas a más de 173 mil, junto a la destrucción del 70 por ciento de las viviendas y dañado la mayor parte de la infraestructura civil del territorio.
Hace apenas unas horas la Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU emitió un informe en el cual alertó sobre la inminencia del estallido de una epidemia de viruela dolencia de la cual ya fueron detectados 930 casos en el campamento de refugiados de Khan Yunis para los cuales no existen medicamentos ni hospitales, los primeros saqueados por las tropas atacantes antes de destruir los segundos.
Cientos de miles de personas han sido obligadas a refugiarse en tiendas de campaña sujetos a condiciones infrahumanas y expuestos a una muerte lenta a causa de epidemias, pésimas condiciones ambientales, el hambre y cualquier otro de los males que asolarán la humanidad tras la ruptura del séptimo sello de la tradición bíblica, para el fin de los tiempos.
Será entonces cuando aparecerán los cuatro jinetes del Apocalipsis: la guerra, la muerte, la peste y el hambre.
Los gazatíes no tendrán que esperar hasta el Juicio Final para sufrir esos males por separado o todos juntos: ya forman parte de su día cuyo final no saben si llegarán a ver.
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