Fue en 1998, cuando ante 80 mil espectadores en el Stade de France (Saint-Denis), Francia dio una sorpresa al batir cómodamente 3-0 a Brasil.
Las cábalas favorecían a los galos, pues su único título a nivel de selecciones nacionales había sido también en casa, en las Eurocopa de 1984, de la mano del genial Michel Platini, y ahora tenían la oportunidad histórica de sumarse al palmarés de las citas del orbe.
No tenían ya a Platini, pero sí a Zinedine Zidane, el Genio de Marsella que los fue llevando en volandas fase tras fase con sus chispazos de magia, pese a perderse un partido por expulsión.
No había marcado ningún tanto, parece porque se los había guardado para la final, donde lo hizo par de veces, y nada menos que de cabeza, que no era para nada su especialidad.
Por el contrario, la estrella de los auriverdes, Ronaldo Nazario de Lima, firmó probablemente el peor partido de su vida, perdido completamente sobre el campo y a ratos hasta desorientado, con mareos y náuseas.
Cuenta la leyenda que en el hotel de concentración de Brasil los cocineros le echaron algo a su comida, pero lo cierto es que ni antes ni después en su prolífica carrera estuvo tan inoperante.
En cualquier caso, los Bleus estuvieron sublimes de punta a punta en todo el certamen, con una generación muy joven entre los cuales se destacaba además su actual entrenador: Didier Deschamps.
Histórico fue también el tercer puesto de Croacia, joven nación salida del desmembramiento de Yugoslavia, y que a la vuelta de los años estaría ligada a Francia en otro encuentro memorable en estas lides.
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