El Estadio Parque Central de Montevideo fue el escenario del debut de Brasil en estos certámenes, en los que pasó sin penas ni glorias por sus primeras ediciones.
Los brasileños llegaban al torneo con la ilusión de pelear palmo a palmo con los dos gigantes del Río de la Plata, pero salieron por la puerta de atrás ante unos 24 mil espectadores, de acuerdo con el acta oficial.
Lo más llamativo es que los europeos ni siquiera habían realizado entrenamientos antes del choque porque eran futbolistas aficionados y no profesionales.
El entrenador balcánico, Bosko Simonovic, dijo con total sinceridad: “Nosotros no somos profesionales, y no tenemos por qué sacrificarnos, todos nuestros muchachos son rebeldes al entrenamiento. Nuestro juego no va a variar mucho por unos puntapiés más a la pelota, o una flexión, que a lo mejor nos endurece”.
El sueño yugoslavo terminó en la semifinal, cuando se enfrentó a la anfitriona Uruguay y perdió de manera contundente (1-6), como para demostrar que no siempre el fútbol puede desafiar la lógica.
En tanto, la primera diana de la Canarinha en estos torneos la marcó João Coelho Neto “Preguinho” al minuto 62, pero no pudieron remontar las conseguidas por Ivan Bek y Aleksandar Tirnanić.
Seis días más tarde el capitán “Preguinho” hacía doblete en la goleada 4-0 ante Bolivia, al igual que Moderato Winsintainer.
La derrota en el estreno privó a los auriverdes de seguir en competencia, pues a semifinales solamente accedieron los primeros en cada una de las cuatro llaves preliminares.
Muchas vueltas dio la tierra para que los brasileños encandilaran realmente al mundillo futbolero y se convirtieran en los reyes de esta competición.
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