Los peritos identificaron un proceso generalizado de fragmentación o segmentación de las playas provocado por la presencia de vegetación, afloramientos rocosos e infraestructura construida.
Las playas analizadas en 11 pueblos evidenciaron procesos de erosión, con reducciones en el ancho de la playa subaérea que oscilaron entre 0.01 y 92 metros.
Solo el 25 por ciento mostró aumentos entre 0.01 y 154 metros.
La investigación evaluó, mediante herramientas geoespaciales, los cambios en el ancho de las playas y el desplazamiento de la línea de costa entre 2018 y 2023 en los municipios de Rincón, Aguadilla, Isabela, Hatillo, Arecibo, Vega Baja, Dorado, Carolina, Loíza, Río Grande y Luquillo.
“Los hallazgos confirman la continuidad de los procesos de erosión costera en Puerto Rico y evidencian la urgencia de integrar esta información científica en la planificación del territorio”, indicó la directora del proyecto Maritza Barreto Orta, quien contó con la asistencia de Kevián Pérez Valentín y de Legna Torres García, del USGS, con una subvención de 499 mil dólares.
Barreto Orta expresó que “conocer cómo evolucionan nuestras playas nos permite anticipar riesgos, proteger comunidades e infraestructura y desarrollar estrategias de adaptación más efectivas frente al cambio climático y los eventos extremos”.
El estudio determinó igualmente que el desplazamiento tierra adentro de la línea de costa fue el cambio predominante entre 2018 y 2023, generalmente menores de 15 metros, aunque los cambios más significativos parecen estar asociados a marejadas invernales y eventos severos de erosión.
De igual forma, se evidenció que las estructuras construidas en la zona costera influyen directamente en la modificación del ancho de las playas.
La pesquisa fue liderada por el Instituto de Investigación y Planificación Costera de Puerto Rico, adscrito a la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.
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