De acuerdo con sus organizadores, la exposición tiene el propósito de resignificar el imaginario del terror y reflexionar sobre la violencia, la colonialidad y las identidades disidentes.
Con curaduría de Lucas Dilacerda, permanecerá abierta hasta el próximo 4 de octubre y plantea una lectura del género del terror desde una perspectiva poco convencional: la experiencia cotidiana de quienes históricamente fueron catalogados como «monstruos», «extraños» o «aberraciones» debido a su orientación sexual o identidad de género.
A criterio del proyecto curatorial, la historia de la colonialidad puede entenderse como una gran narrativa de horror, al estar marcada por procesos de exclusión, persecución y deshumanización que afectaron a diversos grupos sociales, incluidos la referida comunidad.
Las obras exploran cómo los temores acumulados desde la infancia y las múltiples formas de discriminación pueden convertirse en lenguaje artístico.
De esa manera, el terror deja de ser únicamente un género estético para convertirse en una herramienta de resistencia, memoria y afirmación de identidades diversas.
Tres ejes conforman la muestra: Monstruos y quimeras, dedicado a figuras híbridas que desafían las nociones tradicionales de humanidad; Espiritualidad terrenal, centrado en las relaciones entre religiosidad, ancestralidad y cuerpos disidentes; y Terror de las formas, que explora las posibilidades expresivas de la experimentación visual contemporánea.
Los artistas participantes representan distintas generaciones, territorios y experiencias sociales, con especial presencia de mujeres queer, personas negras y creadores del nordeste brasileño.
Sus trabajos incluyen pinturas, esculturas, instalaciones, fotografías y otras manifestaciones de las artes visuales contemporáneas.
Este proyecto también busca cuestionar los mecanismos mediante los cuales la sociedad proyecta sus miedos sobre quienes considera diferentes, recalcaron sus impulsores.
Tal lógica, consideraron, alimentó durante siglos prejuicios y violencias que aún afectan a la población LGBT+, mientras el arte ofrece un espacio para resignificar esas experiencias y convertirlas en nuevas narrativas de libertad.
Además, la exposición incorpora recursos de accesibilidad para ampliar el acceso del público, entre ellos materiales en lengua de señas brasileña, audiodescripción, sistemas de comunicación alternativa y visitas acompañadas por intérpretes, disponibles mediante programación previa.
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