La compañía, fundada en 2016, adaptó la exitosa novela publicada por primera vez en Nueva York, Estados Unidos, el 6 de abril de 1943, para acercarla a los niños y adultos, tal como hizo antes con “Juleo y Rumieta”, “El patojo del 502” y la leyenda de “La Siguanaba”.
Sin embargo, para muchos El Principito tiene un significado especial por la relación del autor con el país, quien debido a un accidente del avión en que viajaba en 1938 sufrió varias fracturas, quemaduras, y estuvo recuperándose en Antigua Guatemala.
El poeta e investigador argentino, Jorge Carrol, afirmó tiempo atrás que el asteroide B-612 es esa ciudad colonial, Monumento Histórico de América y Patrimonio Mundial de la Humanidad, con sus tres colosos de Agua, Fuego y Acatenango.
“Me creía rico con una flor única y no poseo más que una rosa ordinaria. La rosa y mis tres volcanes que me llegan a la rodilla, uno de los cuales quizá está apagado para siempre”, escribió Exupéry en el capítulo XX.
Uno de los dibujos más icónicos del libro resulta el de la boa que se tragó a un elefante, el cual los adultos confunden con un sombrero y que algunos creen firmemente surgió de la vista que deja el Cerro de Oro, formación montañosa ubicada a orillas del bello lago Atitlán.
La Rosa de la historia —caprichosa, orgullosa pero profundamente amada— representa a su esposa, la salvadoreña Consuelo Suncín, aseguran.
Sin embargo, según explican analistas, a Antigua Guatemala se le conoce históricamente como la “Ciudad de las perpetuas rosas” debido a su clima de eterna primavera.
Estas inundan sus calles y patios coloniales, un paisaje que cautivó los ojos del piloto mientras sanaba, añadieron.
La bloguera Marta Julia Ixtuc contó sobre los baobabs, famosos árboles del libro, paradójicamente similares a la ceiba, el árbol nacional de Guatemala.
No obstante, historiadores consideraron que el volcán mencionado en el relato también puede tener como base el Izalco, en el vecino El Salvador, tierra de Suncín.
El creador dominicano, Alan Delmonte, consideró que nunca sabremos con exactitud en cuál de estos dos territorios centroamericanos Exupéry se inspiró más, pero lo que sabemos es que ambos tuvieron un gran impacto en su vida.
Además, el escritor francés, cuyos textos nacieron directamente de sus vivencias como piloto, publicó El Aviador en 1926. Su primera novela Correo del Sur en 1929 y lo consagró Vuelo Nocturno en 1931.
Siguió con Tierra de hombres (1939), Piloto de Guerra (1942), Carta a un rehén (1943) y luego llegó su obra más universal: El Principito, profunda metáfora poética y filosófica, imperdible en cualquiera de sus formatos.
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