Esta red delictual estaba integrada por 58 personas y entre ellas había una funcionaria de Carabineros y un miembro del Ejército.
La primera proveía de información a la estructura criminal y el segundo participaba en la comercialización.
Dentro del grupo todos tenían roles definidos, desde líderes, administradores, proveedores, vendedores y facilitadores de cuentas bancarias e identidades para los envíos.
Destacaban entre ellos 10 armeros digitales, distribuidos en las regiones de Valparaíso, la Metropolitana de Santiago y el Biobío.
Los productos eran comercializados a través de plataformas digitales como Facebook, WhatsApp y Telegram.
La entrega se hacía de forma presencial o mediante empresas de entrega rápida de paquetería y encomiendas.
La banda criminal estaba integrada casi en su totalidad por ciudadanos chilenos, excepto cuatro extranjeros, y en ella participaban ocho menores de edad.
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