El organismo rector del ciclismo mundial salió al paso de la controversia generada en el pelotón, donde voces de corredores, equipos y la Asociación de Ciclistas Profesionales cuestionaron el impacto de estas pruebas sobre el descanso en plena competencia.
Aunque admite que irrumpir en la madrugada puede quebrar la frágil arquitectura del sueño y la recuperación, la UCI defendió el carácter excepcional de estos controles, reservados —según precisó— para circunstancias limitadas y justificadas.
En su comunicado, la entidad sostuvo que existe un interés superior que legitima tales intervenciones: preservar la eficacia del sistema antidopaje y blindar la credibilidad de un deporte históricamente sacudido por sospechas.
La UCI recordó además que desde 2021 delegó en la Agencia Internacional de Controles (ITA) la gestión completa del programa antidopaje, en una apuesta por la independencia que excluye cualquier injerencia en la selección de ciclistas o en el momento de las pruebas.
Bajo ese marco, el organismo avaló el uso de “todos los medios disponibles” por parte de la ITA, siempre dentro del Código Mundial Antidopaje, la normativa ciclista y la legislación vigente, y con autorización judicial en el caso de los controles realizados durante este Tour.
El malestar del pelotón, sin embargo, dibuja una tensión latente entre el rigor del control y la necesidad fisiológica del descanso, especialmente en una carrera de tres semanas donde cada hora de sueño puede inclinar el rendimiento.
Más de 10 millones de euros invierte anualmente la UCI en la recogida y análisis de muestras, así como en investigaciones e inteligencia, cifras que el ente esgrime como prueba de su compromiso con un ciclismo más limpio.
En ese pulso entre sombras y transparencia, la UCI reiteró su respaldo a la ITA y defendió que incluso en la noche más profunda, la vigilancia antidopaje no duerme.
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