«Yeya» Pentón: La reina de Medellín

La Habana, 22 jul (Prensa Latina) Solo restan hoy dos días para la inauguración de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo y regresan los recuerdos de las grandes hazañas firmadas en estas citas regionales a lo largo de un siglo.

   En 1978, el estadio Atanasio Girardot rugía bajo el sol de julio y, entre la multitud, un nombre volvía de boca en boca: Aurelia «Yeya» Pentón, quien había llegado pocos días antes a Medellín, con 37 años, para representar a Cuba en las competencias de atletismo.

   Hacía apenas ocho años, en Panamá, había conquistado la plata en los 400 metros, y en la edición precedente, celebrada precisamente en Santo Domingo, se había coronado campeona de esa prueba y subcampeona en los 800, como si ya anunciara que su tiempo no sería un relámpago, sino una constelación.   

Ahora, Yeya cargaba con el peso de lo imposible. El deporte suele ser cruel: devora a sus hijos cuando la juventud comienza a marchitarse. A esa edad, muchas corredoras ya habían colgado las zapatillas. Pero ella, la morena de Jatibonico, la campesina que aprendió a leer entre surcos de caña durante la Campaña de Alfabetización, había pulverizado múltiples récords nacionales.

   Su primera prueba fueron los 400 metros. Al sonido del pistoletazo, Yeya salió como si el tiempo se plegara ante ella y la grada se convirtiera en un solo aliento. En los primeros 200 metros fue una flecha; en la última curva, un desafío a la gravedad. Entonces el reloj iluminó la hazaña: 50.56 segundos. Oro, récord de los Juegos y una marca mundial máster W35 que permanecería imbatible durante 24 años.

   La adrenalina apenas había comenzado a disiparse cuando volvió a la pista para afrontar los 800 metros: dos vueltas al infierno y dos vueltas al cielo.

   Cuando sonó la campana, Yeya apretó los dientes. La última recta se convirtió en un suspiro transformado en estampida y el cronómetro se detuvo en 2:01.38 minutos. Era otro oro, otro récord de los Juegos. Ella celebraba con todo el cuerpo, con los brazos y con los ojos, mientras Medellín la ovacionaba.

   Pero la gesta aún no había terminado. El relevo 4×400 femenino la esperaba junto a Ana Guibert, Ana Fidelia Quirot y Beatriz Castillo: cuatro mujeres que hicieron de cada entrega del bastón un latido y de cada recta un juramento para conquistar un tercer oro y establecer un tercer récord, mientras Medellín terminaba de rendirse a su reinado.

   El Trofeo José Beracasa, reservado para el atleta más sobresaliente de los Juegos, fue a sus manos. Se convirtió así en la primera mujer en conquistarlo, mientras la revista Track & Field News la situaba cuarta en la clasificación mundial de la temporada.

   Un año después, en los Juegos Panamericanos de San Juan, se despidió con otra medalla de plata en el relevo. Para entonces, «Yeya» ya había grabado su nombre en el mármol del tiempo con cuatro títulos centroamericanos consecutivos, medallas que no se desgastan y marcas que no se olvidan.

   El récord del relevo en Medellín (3:31.34) sobrevivió durante 45 años, hasta que otra generación de cubanas lo derribó en San Salvador 2023. Pero los récords están hechos para caer; las leyendas, en cambio, permanecen.

   Dentro de dos días, cuando el pebetero vuelva a encenderse en Santo Domingo y cientos de atletas salgan en busca de la gloria, el nombre de Aurelia «Yeya» Pentón volverá a recorrer las pistas invisibles de la memoria. Porque cada edición de estos Juegos también comienza con el eco de quienes los hicieron eternos.

jha/blc

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