La propuesta es una reforma a la Ley de Inocencia Fiscal, de reciente promulgación, y fue presentada ayer por el ministro de Economía, Luis Caputo.
El titular la remitió este jueves al palacio legislativo para su discusión cuando los congresistas regresen de las vacaciones de invierno en agosto, en un debate que comenzará por la Cámara de Diputados.
Así, Caputo sale una vez más a la caza de «los dólares del colchón», con la urgencia de darle cobertura a su programa financiero, notaron economistas.
El ministro reiteró que, según cálculos del Gobierno, los argentinos conservan alrededor de 170 mil millones fuera del circuito formal.
Para hacer más atractiva la captación de divisas, la iniciativa de Caputo elimina los límites de patrimonio e ingresos que contemplaba la versión anterior para adherir al régimen simplificado.
Ya la normativa vigente les promete a quienes tienen dinero oculto incorporarlos al sistema financiero sin tener que explicar su origen ante el fisco ni exponerse a sanciones tributarias. Pero los “ahorristas” no se sienten confiados.
Sin embargo, el principal problema de la reforma permanece intacto. La modificación no logra resolver la tensión entre las ventajas tributarias que promete el régimen y las obligaciones que impone la legislación de prevención del lavado de activos.
En los hechos, un contribuyente puede quedar protegido frente al fisco, pero no frente a los controles que aplican bancos, escribanos y otros sujetos obligados, advierte un análisis en la revista La Política OnLine.
Una entidad financiera seguirá pidiendo documentación sobre el origen de los fondos, un escribano podrá exigir explicaciones adicionales y cualquier operación sospechosa continuará al alcance de los mecanismos de reporte previstos en la normativa vigente.
Además, quien tiene los “dólares en el colchón” teme igualmente que haya un cambio de gobierno y derogue todas estas leyes circunstanciales y que ven como oportunistas para resolverle un problema en el cual ha caído el Ejecutivo.
También hay personas con temor de que se intensifique la crisis y perderlo todo en la bicicleta financiera sobre la que está montada la administración libertaria, como les sucedió a muchos en 2001.
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