lunes 3 de agosto de 2026

LOS JUEGOS DEL CENTENARIO
JUEGOS CENTROAMERICANOS Y DEL CARIBE

SANTO DOMINGO, REPúBLICA DOMINICANA 
24 de Julio al 8 de Agosto de 2026

Fray Antón de Montesinos cantando Guavaberry

JCC SANTO DOMINGO 2026
Fotos Abel Rojas Barallobre
Por Lemay Padrón Oliveros (enviado especial)

Santo Domingo, 26 jul (Prensa Latina) La estatua de Fray Antón de Montesinos en el Malecón de esta capital no simula que canta, sino que grita y predica con un brazo en alto, pero la impresión que tuve cuando estaba a más de un kilómetro de distancia es que estaba cantando.

Podría jurar que tenía frente a mí al mismísimo Juan Luis Guerra entonando un merengue con esa pose icónica: mano cerca de la oreja, mirada al infinito, listo para soltar ese Guavaberry, pero era efecto del sol caribeño derritiendo mis neuronas a fuego lento.

Inocente de mí, me acerqué emocionado, tarareando mentalmente «La Bilirrubina» y apurando el paso porque todo encajaba a la perfección en mi mente tropical marcada por esas letras tan bien trabajadas en los años 90 del pasado siglo.

Sucede que la postura que inmortaliza el histórico Sermón de Adviento del 21 de diciembre de 1511, donde Fray Antón de Montesinos alzó la voz para denunciar los abusos y la esclavitud de los indígenas taínos por parte de los colonizadores españoles, me engañó en la distancia.

Es verdad que el supuesto cantante no tenía el sombrero típico del barbudo de seis pies que lideraba la 440 pero pensé: «El artista se puso minimalista y prefirió dejarlo al natural, dándole un toque más orgánico».

Mientras avanzaba, ya me imaginaba la dedicatoria en la base; algo como: «Al hombre que nos enseñó que el Niágara se pasa en bicicleta» y me veía con un selfie tipo “Aquí con el mismísimo Juan Luis, pidiéndole que llueva café en el campo”, pero mi burbuja musical explotó en mil pedazos cuando llegué al pie del monumento.

La boca abierta no era por criticar “El costo de la vida” y el brazo levantado no pedía un aplauso al público del Malecón, era un dedo acusador cargado de indignación moral.

Se trata de un grito cargado de historia, de protesta y de sermones que hicieron temblar los cimientos del colonialismo en el siglo XVI, y que inspiró a Bartolomé de las Casas a hacer lo propio en Cuba.

La estatua fue una donación del Gobierno de México a la República Dominicana, inaugurada en 1983 e ideada para custodiar el litoral, pero para mí nunca fue ese discurso considerado el primero en defensa de la dignidad humana en el Nuevo Mundo.

Atreverse a criticar el colonialismo delante de los poderosos colonizadores españoles y en plena era de los conquistadores debe haber sido más incómodo que bailar bachata con dos pies izquierdos.

Así que si alguna vez pasas por el Malecón dominicano no busques un concierto en esos riscos, sino un llamado a no olvidar lo que pasó, historia con sabor y ritmo propio, un grito de justicia más potente que cualquier coro pegajoso.

oda/lp

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