Por Lemay Padrón Oliveros (enviado especial)
Fotos: Abel Rojas Barallobre (FotosPL)
Permítanme relatarles esta odisea urbana que comenzó inocentemente con un malentendido horario y terminó convirtiéndose en una mezcla de thriller psicológico, parque de diversiones extremo y comedia involuntaria.

Debí estar listo para abordar el transporte colectivo junto a unos colegas a las dos de la tarde, pero no sé por qué mi inconsciente decodificó dos y media, quizás porque había tiempo de sobra para llegar al destino.
En fin, el minibús partió como estaba previsto y cuando empecé a preguntar hace rato había arribado a su destino, así que no me quedó más remedio que pedir un Uber.
No me convencieron económicamente las ofertas de autos que vi debido a mi corto presupuesto y decidí aventurarme en moto, no sin cierto recelo.
El hombre llegó a su hora, se pasó par de puertas, como debe ser y corresponde, y luego monté en su nave de dos ruedas.
Llevaba conmigo las cámaras y lentes del fotógrafo que nos acompaña en la cobertura y el micrófono y el trípode del otro periodista, y para mí cuidar lo ajeno va por encima de lo mío, de toda la vida.

Con ese segundo resquemor recibí el primer acelerón, golpe brutal a mi concepto de “viaje seguro”, con una mano sobre el agarre de atrás del asiento y la otra mano libre (me daba cosa sujetar a un extraño), agazapada para aferrarme al conductor solo en caso de vida o muerte. Íbamos esquivando (o esquiando para que sea más gráfico) entre auto y auto como si fuera una pista helada llena de obstáculos, y no sé si eso me daba más miedo que frenar y volver a arrancar por los tirones que daba la motico.
Mi mano derecha estaba totalmente acalambrada y no íbamos ni por la mitad del trayecto, además desconocido para mí porque el ninja motociclista tomó calles diferentes a las de nuestros recorridos habituales (el miedo a una encerrona se sumó al panorama).
Fueron eternos esos minutos rezando por no terminar estampado contra un poste o convertido en noticiero polvoriento.
Al final llegué cinco minutos antes de que empezara la competencia, pero directo para el baño, y el motorista seguro a comprar detergente y aromatizante para la parta trasera de su asiento.
rc/lp






