Mediante un último boletín, la entidad científica subrayó que el promedio de la amplitud sísmica muestra incrementos que sugieren que esta erupción puede seguir y evidencia descenso de flujo de lodo hacia la barranca Seca, en el flanco oeste del coloso.
Este fenómeno, con un recorrido ya de hasta cinco kilómetros de distancia, representa la mayor amenaza para la población en comunidades ubicadas cercanas al cráter, especialmente las del municipio de San Pedro Yepocapa, departamento de Chimaltenango, detalló.
Las corrientes de densidad piroclástica también podrían descender hacia otras barrancas en caso de que la erupción se intensifique, en especial la Ceniza, hacia donde se han dirigido en las últimas erupciones, remarcó.
El Insivumeh aseguró que mantiene la vigilancia visual e instrumental de la actividad volcánica a través de sus observadores en campo, sensores sísmicos y de infrasonido, cámaras web y productos de imágenes satelitales.
La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres recomendó, por su parte, no acercarse a las barrancas ni permanecer en áreas de peligro.
Cubrir depósitos de agua y alimentos para evitar su contaminación con ceniza, así como utilizar mascarilla o un paño húmedo para proteger nariz y boca.
Tener lista la Mochila de las 72 horas, revisar y activar el Plan Familiar de Respuesta, al tiempo de seguir las indicaciones de las autoridades locales, añadió.
El de Fuego, a solo 45 kilómetros de esta capital, a pesar del tiempo permanece como el más activo de Guatemala y Centroamérica, con su última erupción el 4 de mayo de 2023.
Una potente del 3 de junio de 2018 dejó 112 muertos, más de 1,7 millones de afectados, una comunidad, una finca y cuatro barrancas inhabitables, que aún recuerdan los habitantes del país con dolor.
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