Es un miedo que no entiende de clases sociales, títulos universitarios ni marcas de vehículos, y es el pánico absoluto al embarre.
Por Lemay Padrón Oliveros (enviado especial)
Para el extranjero, diccionario en mano, la palabra designa simplemente ensuciarse, pero en el argot popular aquí significa cometer un error garrafal, ejecutar una pifia monumental.
Aunque la frase nació originalmente en los estadios de béisbol para describir a ese pelotero que deja caer una pelota fácil o la lanza directo a las gradas, el dominicano exportó el concepto a la vida diaria.
Hoy en día, el mundo es un campo de pelota minado y todos estamos a un segundo de dar el embarre de nuestras vidas, lo mismo si proyectamos un video de Tiktok cuando se espera una presentación de PowerPoint o cuando le derramas a tu cita una copa de vino encima.
Así es el embarre de democrático, y lo más fascinante a veces no es el error en sí, sino la reacción social que genera.
En otras culturas, cuando alguien se equivoca, la gente ofrece una mirada de simpatía o un discreto silencio sepulcral, pero en Latinoamérica, y en especial en la República Dominicana, el silencio no existe.
Ahora además de las risas te verás en el grupo de WhatsApp de la familia porque siempre hay un teléfono grabando y quedarás en el patrimonio digital del vecindario antes de que logres levantarse del suelo.
Por eso aquí el consejo es claro: si la vas a embarrar, asegúrate de que al menos sea lo suficientemente gracioso como para que te hagas viral.
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