Inflación y política monetaria restrictiva a primeros planos

Londres, 4 ago (Prensa Latina) El espectro de la inflación global y la política monetaria restrictiva constituyen hoy elementos indispensables en los análisis de los economistas y principales páginas de estudio de mercado.

El conflicto en el Medio Oriente reaviva el fantasma de la inflación global justo cuando la economía mundial parecía encaminarse hacia la normalización.

Los precios de la energía se disparan, las expectativas inflacionarias se tensan y los bancos centrales se enfrentan al dilema de mantener el control de precios sin frenar el crecimiento. El espectro de la política monetaria restrictiva vuelve a planear sobre los mercados en un escenario de máxima incertidumbre.

La guerra irrumpe en un momento de relativo optimismo. Antes del conflicto, se esperaba que el crecimiento mundial alcanzara el 3,4 por ciento en 2026, impulsado por la adaptación del sector privado a un entorno cambiante, una fuerte productividad y condiciones financieras favorables.

Sin embargo, el estallido de las hostilidades revertió esta tendencia de manera abrupta. Según el escenario de referencia del Fondo Monetario Internacional (FMI), el crecimiento mundial se desacelerará hasta el 3,1 por ciento este año, con un repunte de la inflación general al 4,4, rompiendo la senda desinflacionaria de los últimos años.

Además, el impacto económico de la guerra se propaga a través de tres canales principales, según el FMI.

En primer lugar, el aumento de los precios de las materias primas energéticas constituye un shock negativo de oferta que eleva los costes de producción, altera las cadenas de suministro y erosiona el poder adquisitivo de los consumidores.

La cotización del petróleo West Texas Intermediate (WTI) se disparó un 74 por ciento en las tres primeras semanas de abril respecto al promedio de diciembre de 2025, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

En segundo lugar, existe el riesgo de que empresas y trabajadores intenten recuperar las pérdidas, generando espirales de precios y salarios que amplifiquen el shock inicial, especialmente en contextos donde las expectativas de inflación no estén firmemente ancladas.

En tercer lugar, la agudización de los riesgos macroeconómicos y la posibilidad de una política monetaria más restrictiva podrían desencadenar un reajuste en los mercados financieros, endureciendo las condiciones de crédito y frenando la demanda agregada.

to/rfc

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