Cuba vivía duros años luego del derrumbe del campo socialista en Europa del Este, la escasez de combustibles y alimentos mellaba la cotidianidad de los cubanos, quienes resistían la escalada del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el Gobierno de Estados Unidos y la creciente campaña subversiva que condujo a esos acontecimientos.
El líder histórico de la Revolución cubana acudió de inmediato al lugar de los acontecimientos para dialogar con la población y contribuir a restablecer la calma.
Al referirse a ese momento en 1995 Fidel dijo: “Todos los años tendremos el deber de recordar la gran victoria del 5 de agosto de 1994 en que el pueblo aplastó la contrarrevolución sin disparar un tiro, porque dice mucho esta fecha, enseña mucho y alienta mucho”.
Si partimos de este ejemplo y hurgamos en lo escrito y dicho por y sobre Fidel, encontraremos innumerables citas generadas por la fecundidad cotidiana del líder, y que muestran el camino a transitar en tiempos difíciles, lo que constituye uno de sus aportes.
En la búsqueda aparecen frases salidas del pueblo y de amigos que lo acompañaron durante las exequias del Comandante en Jefe cubano, pues lo que generó el final biológico permite entender la trascendencia de un legado que tenemos la necesidad de perpetuar como útil.
Aún resuenan las consignas “Dónde está Fidel” y “Yo soy Fidel” como interrogante y respuesta llamadas a conducir ante poderosas fuerzas dominantes, que tratan hoy de lastrar la continuidad histórica del proceso social cubano, retado como nunca antes.
“Yo soy Fidel”, implica un compromiso con el pensamiento y la acción de un líder, que debe ser usado como herramienta, método y brújula, sobre todo en un contexto económico y socio-político en el que hace falta paso firme y vista larga, para no perder el rumbo de la construcción socialista que quedó plasmada, como irreversible, en la Carta Magna.
La tarea no es sencilla, como nunca lo fue seguir a Fidel, pero el hecho de que aún los cubanos estén en pié es el mejor testigo de que sí lo lograron; lo primero es analizar al hombre multidimensional que fue: estudiante rebelde y aplicado, joven inquieto, líder guerrillero, estadista, diplomático, todo mediado por un humanismo sin parangón.
En un texto publicado en el portal Razones de Cuba en 2022 con el título “Tiempos difíciles: momentos de definiciones”, el autor utiliza fragmentos epistolares del líder, que expresan su proceso de radicalización hacia el antiimperialista que conocemos.
“(…) Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero”, escribió el 5 de julio de 1958 en una carta dirigida a la revolucionaria a Celia Sánchez.
Más adelante, referencia un discurso pronunciado por Fidel el 5 de septiembre de 1992, donde se ilustra la confianza que tenía en su pueblo: “En tiempos difíciles hay quienes se confunden, hay quienes se desalientan, hay quienes se acobardan, hay quienes se reblandecen, hay quienes traicionan, hay quienes desertan.
Eso pasa en todas las épocas y en todas las revoluciones. Pero también en los tiempos difíciles es cuando realmente se prueban los hombres y las mujeres, en los tiempos difíciles es cuando se prueban realmente los que valen algo”.
Parece que este fragmento de discurso fue dicho hoy, porque se viven tiempos difíciles en los que afloran miserias y virtudes humanas. Así es Fidel en su centenario, un hombre que trascendió su vida biológica con tal certeza en las palabras y hechos que podemos ir derecho caminando sobre su legado.
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