Por Lemay Padrón Oliveros (enviado especial)
Con su triunfo en la final de manos libres se convirtió en el primer gimnasta en eslabonar cuatro oros regionales seguidos en especialidades individuales, pues no pierde en esta modalidad desde Veracruz 2014, algo que no creyó posible.
“Me siento muy contento, yo sabía que podía ser tetracampeón, pero no es fácil. Son cuatro ciclo olímpicos invicto en esta prueba y pude demostrar que todavía podía imponerme ante rivales muy fuertes”.
En exclusiva con Prensa Latina, explicó que fue un trabajo planificado con el entrenador argentino Juan Carlos Pinto.
“La clave es que no he tenido lesiones de gravedad, he trabajado siempre mi cuerpo, cuidando mi físico y mi dieta y por eso he durado mucho en este deporte”.
Sus escoltas en el podio, el colombiano Keynher Camilo Vera y el puertorriqueño José Antonio López, lo habían hecho muy bien, pero lo de Vega es otra cosa sobre el tapiz, pura elegancia y técnica exquisita, como la vieja escuela.
“La experiencia de estos años ante grandes rivales me han dado una madurez para construir esquemas con mucha inteligencia y saber que puedo pararme en cualquier escenario contra cualquier atleta”.
A pesar de tener su cita con la historia, no muchos apostaban porque pudiera conseguir esta corona, pero en su fuero interno nunca dudó.
“Mucha gente pensó que ya como tenía 31 años no podía darles pelea a los muchachitos jóvenes, que de verdad son muy impresionantes y muy talentosos, pero este no es un deporte de edad, sino de habilidad, y logré mi meta”.
Desde donde quiera que esté, José Gabriel Vega sonreirá tranquilo al ver a su hermano sobrecumplir su promesa, como un acto de reverencia y redención de esa carga dulce que aligeraba su paso en los momentos de tristeza.
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