El coloso presenta actualmente explosiones recurrentes de entre 30 segundos y un minuto, con columnas de gas y ceniza que no superan los cuatro mil 800 metros sobre el nivel del mar, describió el especialista Amílcar Roca.
Esta es la actividad que muestra cuando no atraviesa un evento de mayor energía, explicó, citado por la emisora local La Red 106.1
De cualquier modo, aseguró, el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) continúa con el monitoreo.
A diferencia de 2018 —cuando solo existía un sensor sísmico con transmisión en tiempo real—, la institución cuenta con mayor equipamiento tecnológico y recurso humano, acotó.
Las seis o siete erupciones registradas desde entonces permitieron ajustar los umbrales de alerta para identificar cambios inusuales de forma más oportuna, subrayó Roca.
Insistió en que los flujos de lodo descienden por las siete barrancas del volcán cuando hay lluvia, por lo cual llamó a prestar atención en los próximos días.
Incluso, aclaró, si dejara la fase explosiva, habría material suficiente en la parte alta para generar lahares durante los venideros 15 o 20 años.
La erupción iniciada el lunes último modificó la morfología del cráter, particularmente hacia su dirección oeste-suroeste, confirmó.
La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres atendió entre lunes y martes pasados mil 696 personas, 440 familias, evacuadas hacia cinco albergues.
El de Fuego, a 45 kilómetros de esta capital, a pesar del tiempo sigue como el volcán más activo de Guatemala y Centroamérica.
La potente erupción del 3 de junio de 2018 dejó 112 muertos y más de 1,7 millones de afectados, así como una comunidad, una finca y cuatro barrancas inhabitables.
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