Durante un recorrido por el puesto binacional de Alto Limón, en la zona limítrofe con la vecina nación, se constató la presencia de efectivos del Servicio Nacional de Fronteras (Senafront), quienes mantienen labores de vigilancia y coordinación con sus pares colombianos, de acuerdo con un reporte de la cadena TVN.
Las autoridades panameñas también realizaron sobrevuelos sobre sectores selváticos del Darién considerados estratégicos para el control territorial, donde fueron observadas áreas de vegetación devastadas en las riberas de algunos ríos, presuntamente asociadas a actividades de minería ilegal.
Durante las operaciones fueron identificadas además varias plantaciones que, según las primeras apreciaciones, podrían corresponder a cultivos de marihuana vinculados a redes delictivas que operan en la zona.
El subdirector del Senafront, Héctor de Sedas, señaló que el denominado Clan del Golfo mantiene una injerencia criminal en el área fronteriza, razón por la cual las fuerzas panameñas fueron desplegadas a lo largo de puntos considerados vulnerables para neutralizar y controlar posibles actividades ilícitas.
Más de 700 efectivos de las fuerzas especiales del Senafront fueron desplazados hacia posiciones estratégicas, incluidos puestos binacionales desde los cuales se desarrolla vigilancia coordinada con Colombia.
Por la parte colombiana, el subteniente antinarcóticos Miguel Vega explicó que también existe información sobre el movimiento de los llamados mochileros en el terreno, por lo que la coordinación busca supervisar sus desplazamientos y prevenir acciones delictivas contra funcionarios de ambos países.
La ofensiva se desarrolla en el marco de la operación Escudo de Acero, vinculada al Plan Firmeza, estrategia mediante la cual Panamá ha intensificado el control de la provincia de Darién y otras zonas fronterizas.
Según información oficial del Senafront, durante 2026 la operación ha incluido acciones contra el narcotráfico, el microtráfico y la minería ilegal.
La presencia de estructuras criminales en el área fronteriza también ha sido documentada en estudios recientes sobre el Clan del Golfo, que señalan el aprovechamiento de corredores del Darién para actividades como el narcotráfico, el trasiego de armas, el movimiento irregular de personas y la minería ilegal.
La frontera entre Panamá y Colombia constituye, por sus características geográficas y la extensa zona selvática del Darién, un corredor de especial interés para las organizaciones dedicadas a actividades ilícitas transnacionales.
La operación forma parte de la cooperación bilateral entre Panamá y Colombia para enfrentar las amenazas de seguridad que afectan a ambos países y preservar el control de una de las zonas fronterizas más complejas de la región.
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